viernes, enero 18, 2013

300 años de expolio: Siglo XIX – Nuevo régimen, viejas costumbres

Acabada la guerra de independencia y restaurado el absolutismo monárquico en 1814 en la persona de Fernando VII, el panorama económico de España era desolador. La escasez de capitales y la miseria general mantenían una escasa capacidad de compra del país. Faltaban mercados para colocar el género, y más desde que les colonias americanas, invadidas por productos ingleses y franceses, se habían rebelado para independizarse. Pese a todo, en 1830 Cataluña era la cuarta potencia comercial del mundo con 1.200.000 habitantes y 225 reales por habitante.

Dos visiones del comercio
Muerto Fernando VII en 1833, en España estalló la primera guerra carlista (1833-1840) entre los defensores del absolutismo de un lado y del liberalismo de otro. En 1835 se desencadenó un proceso revolucionario para acelerar las reformas que desmontasen el Antiguo Régimen, incluida la fiscalidad. En este proceso, la burguesía barcelonesa pidió que desapareciera la acumulación de tributos, ya que el importe de sumar la unión de los impuestos modernos y los medievales representaba las dos terceras partes de la producción en general. La reforma no se efectuó hasta 1845.

Revuelta económica replicada con bombas
Instaurado el liberalismo en el poder, se evidenció la pugna entre dos corrientes económicas: el proteccionismo, que apostaba por limitar las importaciones, y el librecambismo, que propugnaba la no intervención estatal en el comercio internacional. Los industriales catalanes se posicionaron a favor del proteccionismo. Sin embargo, la política centralista del general Baldomero Espartero, regente del reino durante la minoría de edad de la reina Isabel II, contemplaba abrir las fronteras a los productos británicos, competidores directos de los que se fabricaban en Cataluña.
El sector algodonero catalán era el más amenazado, y en noviembre de 1842 burgueses y obreros se rebelaron en Barcelona contra Espartero, que reaccionó bombardeando la ciudad. Esta violenta reacción acrecentó en todo el Estado la oposición a Espartero, que al año siguiente dimitió y huyó a Gran Bretaña.

El conde Güell contra la prensa de Madrid
A mediados de siglo XIX, el debate entre proteccionistas y librecambistas tocó el tema de las relaciones de Catalunya con España y, de nuevo, dio alas al tópico de la insolidaridad catalana. La prensa de Madrid afecta al librecambismo atacaba a los industriales, la mayoría situados en Cataluña y se afirmaba que Cataluña se enriquecía exportando sus productos manufacturados al resto de provincias españolas, cada vez más empobrecidas. Contra esta opinión se alzó el economista e industrial catalán Joan Güell, que en 1853 deshizo este argumento demostrando con datos aduaneros que el balance del comercio catalán respecto a España nunca no era favorable para Cataluña.

Cifras que hablan por si mismas
El malestar que alejaba a la burguesía industrial del gobierno era cuantificable. La estadística para la tributación industrial y comercial del período 1888-1890 delataba que cada catalán pagaba 4,78 ptas., más del doble de lo que pagaba cada español: 2,08 ptas. Los datos de otra estadística, la del comercio exterior, demostraban que los catalanes pagaban cinco veces más al Estado en forma de impuestos que el resto de la población. En conclusión, Cataluña pagaba de contribución más de 8,8 millones de ptas. al año mientras que los demás territorios del Estado aportaban 32,7 millones en un momento en el que el Principado tenía 1,8 millones de habitantes sobre los 17,5 millones de todo el estado. Por tanto, Cataluña daba a las arcas de Madrid un 27% de los recursos representando solo a un 10% de la población estatal. La tributación catalana era exageradamente desproporcionada.

Desobedencia civil
La pérdida de las últimas colonias en 1898 precipitó la ruptura total de la burguesía con el sistema vigente. La situación se agravó en 1899. La derrota del año anterior hizo que el gobierno subiera los impuestos para compensar el déficit. La respuesta de los gremios de Barcelona fue dar de baja establecimientos comerciales e industrias para dejar de pagar la contribución sin que fuera ilegal. Esta peculiar huelga se propagó a muchas localidades medianas de Cataluña y provocó la suspensión de las garantías constitucionales, el embargo y detención de contribuyentes y la dimisión del alcalde de Barcelona, que se negó a embargar a los impagados desobedeciendo las órdenes de Madrid.

Balance en el año 1900
Con este ambiente enconado se cerró el siglo. Las cifras oficiales de 1900 demostraban que la provincia de Barcelona pagaba tanto como toda Andalucía, más que Castilla la Vieja, Aragón y Valencia juntas, y casi lo mismo que Castilla la Nueva con Madrid incluido y que la unión de Galicia, León, Extremadura y Murcia. En total, reportaba al Estado 174 millones de ptas. mientras que Madrid no llegaba a los 143. Incluso pagaba más que Cuba cuando era colonia española y se había quejado por pagar 24 millones de pesos, que se distribuían en la propia isla.
En el capítulo de inversiones el contraste era terrible. Las obras públicas eran casi inexistentes en Cataluña, pero un tercio de los presupuestos generales del Estado destinado a gastos se quedaba en Madrid. Solo en la construcción del Canal del Lozoya, que proveía de agua la capital, iniciado en 1851 y entonces aun inacabado, se habían invertido 100 millones de ptas., más que en todas las obras hechas en Cataluña a lo largo del siglo

Jordi Mata (Texto)
Agustí Alcoberro, Francesc Cabana, Josep Maria Solé i Sabaté (Asesoramiento)

Fuente: Revista 'Sapiens'

1 comentaris:

  • bonabe says:
    18 de enero de 2013, 07:52

    Si el balance del comercio con España "nunca no era favorable a Catalunya" quiere decir que sí lo era. ¿Pueden aclararme esta contradicción?
    Sigo su blog cada día y lo encuentro muy necesario e interesante.
    Un saludo.

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