jueves, enero 03, 2013

La independencia garantizará por fin el futuro del catalán

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Si uno lee la prensa internacional, se le perdonaría por haber pensado que fue una mala noche para el proceso de independencia catalana tras los resultados de las elecciones catalanas anunciados el 26 de noviembre. Por supuesto, la verdad está en el polo opuesto porque los partidos independentistas ocupan ahora 87 escaños frente a los 48 de los constitucionalistas, lo que ofrece una mayoría cómoda, aunque más plural, que favorece un referéndum de independencia. Aparte de la previsible hostilidad de la prensa y su concentración en cuestiones económicas que impulsan el apoyo a la independencia, lo que gran parte de los medios ha pasado por alto es la importancia que la lengua y la cultura tienen en el debate.
Desde la dictadura, y como consecuencia de los pactos autonómicos constitucionales españoles, la protección de la lengua catalana ha dependido de quién ocupara el poder en Madrid. Una de las primeras cosas que hizo el gobierno conservador del PP al ser reelegido fue atacar el exitoso modelo catalán de inmersión lingüística y debilitar la presencia del catalán en Valencia y las Islas Baleares, ambas con administraciones del PP. También en Galicia, el PP ha atacado al modelo bilingüe gallego. Las medidas que se han tomado en contra del catalán incumplen todas las normas europeas (por ejemplo, Lisboa, los tratados del Consejo de Europa, la CELMR (Carta Europea de Lenguas Regionales o Minoritarias) y el CMMN (Convenio marco sobre la Protección de las Minorías Nacionales) en materia de protección de las minorías lingüísticas y reflejan la vulnerabilidad e impotencia de la lengua al verse enfrentada a un gobierno hostil en Madrid.
Dado que la protección de las minorías nacionales y lingüísticas está estancada y que ha resurgido la opción de independencia, será interesante observar cómo responden los estados europeos, y la propia UE. ¿Se replantearán la situación y mejorarán su relación con las minorías nacionales y las naciones sin estado con un conjunto de normas europeas vinculantes que protejan e impulsen las lenguas minoritarias como se ha exigido en numerosas ocasiones? ¿O seguirán moribundos y convencerán a estas naciones y comunidades lingüísticas a seguir a Escocia y Cataluña en su camino hacia una mayor autodeterminación o una independencia?
Mientras tanto, estas minorías nacionales y lingüísticas, y/o naciones sin estado, observan con interés y cierta envidia a medida que el proceso de independencia en Cataluña y Escocia comienza a tomar forma bajo la apariencia de que aquí no ha pasado nada. Una consecuencia indudablemente imprevista de toda la publicidad que rodea al debate sobre la independencia es ver cómo se está convirtiendo en un asunto político de gran importancia en lugar de quedar relegado a un segundo plano. El plan A sobre una correcta protección de las minorías parece cada vez más superfluo mientras que el Plan B, el de la independencia, cada vez parece más viable.
Para los que trabajamos en el ámbito de las lenguas minoritarias, el proceso de independencia catalana envía una clara señal de que los mecanismos europeos de protección de las minorías nacionales y lingüísticas están fracasando o, al menos, no son adecuados. Este fracaso queda simbolizado en Cataluña y Galicia. Cuando el gobierno hostil llegó al poder en Madrid, todos los avances logrados con la inmersión catalana, vasca y gallega corrieron peligro. Las lenguas de las comunidades autónomas fueron perseguidas por su éxito, el PP las acusó de deshispanización y comenzó a aplicar un programa para perjudicar toda la legislación lingüística vigente. El peor caso es quizá el de las Islas Baleares, donde el gobierno de Bauza trastoca sistemáticamente todos los acuerdos previos a pesar de las masivas protestas de la ciudadanía.
Una planificación lingüística de regeneración eficaz depende de largos periodos de avance estable, de una normalización gradual lejos de los focos de los medios, las protestas constantes y los recortes de financiación. Pocos padres son activistas lingüísticos y parte del proceso de desestigmatización y regeneración de una lengua mediante la educación consiste en que los padres confíen en que la escolarización del niño en un entorno de inmersión sea estable y segura.
Mientras tanto, los argumentos económicos para defender la independencia están ganando terreno y son transferibles. Escocia aprenderá de Cataluña y viceversa. Los galeses y los vascos, y demás minorías, aprenderán los unos de los otros. Algunos medios se preguntan dónde terminará todo esto. Pero, ¿debería terminar? Es el comienzo del final de un proceso de democratización y de devolución de la soberanía a las naciones europeas sin estado. Como cabe esperar de unos medios de comunicación de masas que están dominados por los intereses de la mayoría y por corporaciones interesadas en el statu quo, hay una crítica constante y advertencias apocalípticas sobre el destino funesto que traerá la independencia, pero ¿qué se dice del lado positivo del debate? La independencia es sinónimo de una mayor libertad, de una democracia más madura, responsable y justa, de la capacidad para garantizar que el catalán sea la lengua habitual, diaria y estatal, liberada de un Madrid entrometido y, como ocurre por ejemplo en pequeños estados escandinavos prósperos, respaldada por un futuro más prospero. ¿Y a quién no le gusta eso? .


Davyth Hicks
Redactor jefe de Eurolang, agencia para las lenguas minoritarias
@EUROLANG

Fuente: 'Euskara Gipuzkoan'


Davyth A. Hicks
Editor-in-Chief, Eurolang, minority language agency

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