miércoles, enero 23, 2013

La primavera catalana está en marcha

Este miércoles el Parlamento de Catalunya votará y previsiblemente aprobará una Declaración de Soberanía que afirmará que el pueblo catalán es un sujeto político capacitado para ejercer el derecho a la autodeterminación sobre su futuro político. Esta votación será, de momento, el último hito de un proceso de toma de consciencia de los catalanes y de la catalanas de que nuestro futuro está en nuestras manos y que tendremos el estatus político que democráticamente decidamos. Tanto  las últimas elecciones del mes de noviembre como las distintas encuestas electorales y sociológicas que se han ido publicando indican ambas cosas.

Primer punto: hay una amplísima mayoría social y política, que va entre el 60 y el 88% según las fuentes, a favor de que sea el pueblo catalán el que decida su futuro político. Se trata, entonces, de una mayoría amplísima que no deja lugar a dudas. Una mayoría que se ha visto reforzada y legitimada políticamente por el amplio soporte que han recibido los partidos que promueven la soberanía de Catalunya.
Parece ser, lógicamente, que este clamor mayoritario sea reunido en una declaración de naturaleza política del Parlamento. Intentar vetar esta capacidad de decisión democráticamente expresada no puede ser mas que tildada de actitud antidemocrática y generadora de inestabilidad, que se contrapone a los principios fundacionales de instituciones tan respetables como la recientemente galardonada con el Premio Nobel de la Paz, la Unión Europea.

Segundo punto: existe otra gran mayoría, que va entre el 51 y el 65%, a favor de la independencia de Catalunya, particularmente si esta incluye la continuidad dentro de la Unión Europea. Naturalmente la independencia es solamente una de las opciones que se barajan como un futuro estatus político que la Catalunya soberana puede elegir. Sin embargo es la mayoritaria, atendiendo que otras opciones como la confederación, el federalismo o una autonomía mas ampliada son claramente minoritarias, por no nombrar las que proponen un retorno al centralismo y al unitarismo.

Y es que a ojos de muchos catalanes y catalanas, el Reino de España ya ha agotado todo el crédito que tenia para afirmarse como el Estado que defiende y promueve los intereses del pueblo catalán. No es el momento de hacer un memorial de agravios, pero queda muy claro que el futuro de Catalunya como nación, del pueblo catalán como actor político, no encaja de ninguna manera dentro de España, atendiendo que el proyecto nacional español implica la subordinación política, el expolio económico y la substitución lingüística para Catalunya. Y este no es el futuro que queremos.

Por este motivo, este miércoles se pasará a la historia; debemos ser conscientes de que viviremos un momento clave que se recordará durante décadas. Es por esta razón que la implicación en este acontecimiento es un deber cívico, pero por encima de todo, un orgullo personal y colectivo.


Josep Sort 
Profesor de la Universidad Ramon Llull
Analista político
Corresponsal en Montreal y autor de seis libros



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