domingo, enero 27, 2013

Los catalanes, ¿Un pueblo loco?


La creciente reivindicación catalana para independizarse de España provoca en cuantiosos medios comentarios muy negativos, como que los catalanes que quieren separarse de España están locos, son egoístas y anticuados y que su primer ministro es un oportunista que, con el tema de la independencia, pretende crear una cortina de humo para tapar su miserable política. La separación, dicen estas voces de Cassandra, sería una catástrofe tanto para Cataluña como para España. La mayor parte de los corresponsales extranjeros traspasan a sus lectores la versión española de los acontecimientos, que por desgracia con frecuencia ignora los hechos reales. El punto de vista catalán, por bien fundamentado que esté, es ignorado casi siempre.

Estas líneas son un intento de construir, para los críticos, un puente conceptual que les ayude a comprender mejor el problema (la comparación citada por muchos, por ejemplo, con Baviera o la antigua división alemana en pequeños estados está completamente fuera de lugar).

Para comprender esto quiero pedir a mis hostiles lectores que me sigan en un ejercicio de historia-ficción que, por irrazonable que pueda parecer, en mi opinión acierta de lleno en el tema. 
Dejen aparte su improbabilidad histórica (e incluso geográfica) y imagínense el siguiente escenario:

- Hace 500 años, y debido a enredos dinásticos, un reino alemán se confedera con el imperio ruso. Alemania y Rusia tienen el mismo rey, pero Alemania conserva todas sus instituciones soberanas.

- Hace 300 años, por la razón que fuera, el ejército ruso invade Alemania. Berlin cae después de un prolongado asedio, una parte de la ciudad es arrasada hasta los cimientos y encima de este terreno se edifica una enorme ciudadela para prevenir posibles revueltas de los súbditos rebeldes. Todas las instituciones alemanas, del tipo que sean, son disueltas y Alemania se convierte en una provincia rusa. Se prohíbe el uso público de la lengua alemana y se cierran todas las universidades, pero se permite la fundación de una nueva en una pequeña ciudad como Celle, (o Kempten, o Görlitz). La lengua de enseñanza, como en las escuelas, es a partir de entonces sólo el ruso.

- Después de una historia cambiante y dolorosa y después de una severa dictadura viene un cambio democrático y los alemanes tienen la esperanza de que la nueva Autonomía les devuelva su libertad, sus propias instituciones, el uso sin trabas de su lengua y un estatus de igualdad dentro del estado ruso.

Treinta años después encontramos la siguiente situación:

- Alemania debe entregar a Moscú todos los impuestos que recauda en su territorio, y la suma que vuelve de Moscú debe ser negociada siempre de nuevo. La diferencia entre los ingresos cedidos y el dinero que retorna sobrepasa el 8% del PIB alemán y descapitaliza el país. Por este motivo y para poder cumplir con sus obligaciones legales, el gobierno autónomo alemán debe hipotecarse desproporcionadamente.

- Los alemanes constatan que con el dinero que se les expolia se financia a una administración hinchada y a proyectos económicamente insensatos (aeropuertos fantasmas, autopistas vacías, trenes de alta velocidad con cifras de usuarios catastróficamente bajas etc.)

- Toda medida para volver a normalizar la lengua alemana en Alemania es calificada de totalitaria, racista o incomprensiblemente obstinada, mientras que el ruso sigue disfrutando de todos los privilegios. Según la Constitución, el alemán "puede" ser aprendido y el ruso "debe ser" aprendido. La política educativa está mayoritariamente dictada desde Moscú.

-Ningún funcionario ruso que trabaje en Alemania tiene la obligación de comprender el alemán, es decir, por ejemplo ningún juez, ningún policía o ningún empleado de Hacienda tiene la obligación de entenderlo. Esto quiere decir que si en Frankfurt, en Baden o Leipzig se quiere denunciar un robo en la comisaría de la esquina se deberá hacer en ruso si quiere que alguien lo comprenda.

La lista podría alargarse mucho, pero dejémoslo así. Y entonces viene mi pregunta: si hubieran alemanes (muchísimos alemanes) que protestaran contra este tipo de hechos y se manifestaran masivamente a favor de la independencia alemana para separarse de Rusia, ¿calificarían ustedes mismos a los alemanes también de idiotas obstinados, incultos y anacrónicos?.

Hay un viejo dicho: sólo el que lleva un zapato sabe donde éste le duele. Y no hay quien consiga hacer salir a la calle a un millón y medio de personas, como ocurrió el once de septiembre de 2012, ni siquiera una décima parte, si el zapato no hace mucho daño.

Pedro Grau
Barcelona, ​​1930 *. Vive desde 1960 en Hamburgo. Economista. Escritor (varios premios de poesía). Empleados (honorario) de la revista Filología catalán "Llengua Nacional" y el periódico digital "El Matí Digital".
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2 comentaris:

  • Albert says:
    12 de noviembre de 2013, 16:44

    Imaginese Ud. la Hispania Tarraconensis donde se habla, 2000 y pico años despues dialectos más o menos decadentes de la lengua de Marco Fabio Quintiliano, y trate de explicar que la Tarraconensis nunca existió como tal porque una parte de ella es una "nación". Imaginese Ud. a Tito Livio hablando de Hispania y tratando de explicar que Hanibal tuvo que circunambular para no pasar cerca de lo que es hoy Tarraco, porque en realidad eso no es Hispania.

    Cetera. Amice, opus est libros ab auctoribus historiae scriptos legere. Incipe, care amice, de Europa cogitare. Em tibi, exi de tua parvicula mente, ridicule scriptor.

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    Pepito Ramos says:
    6 de octubre de 2014, 02:02

    Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.

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