miércoles, enero 30, 2013

Por la democracia en el sur de Europa


Europa tiene un problema, y se llama España. Si alguien cree que la única cuestión preocupante de España es la frivolidad de su banca, de su sector inmobiliario y esa tendencia latina al "dolce far niente" está equivocado.
Hay un problema de base que convierte a España en una zona potencial de desestabilización para una Europa próspera y democrática. Hay un pecado original que condiciona buena parte de los problemas estructurales españoles. Es el único estado que formó parte del eje franquista, antes y durante la II Guerra Mundial, en el que no se ha producido una verdadera rotura con el régimen autoritario. Los intereses de la Guerra Fría, con una hábil operación de travestismo de los sectores oligárquicos que dieron soporte al dictador Franco, posibilitaron que un Rey nombrado a dedo por él sea ahora la clave de un régimen formalmente democrático, pero que de hecho está en manos de los sectores sociales y políticos que fueron la base de soporte del régimen fascista.
Una transición sin rotura dio una apariencia de normalidad que ahora es cuestionada por la triple crisis: la económica global, la de la burbuja especulativa española y la de las relaciones internas entre las nacionalidades con mas personalidad, Catalunya y Euskadi, y el Estado centralista. En España no ha existido ni tan sólo un proceso de ostracismo para todos los responsables del franquismo y la represión llevada a cabo, como sucedió en Grecia y Portugal, o en todos los países sudamericanos y Sudáfrica. En España se garantizó la amnistía para todos los responsables del régimen y se implantó la amnesia sobre el oscuro período del aliado de Hitler y Mussolini. A diferencia de Europa, donde la memoria de la resistencia democrática y sobre la crueldad de los regímenes autoritarios es presente en las escuelas, en la museografía y en el calendario de celebraciones cívicas, en España no existe nada de nada.
Todo este prólogo histórico de política comparada, para que los lectores europeos no españoles puedan situarse bien donde estamos. En este marco es donde distintos responsables en gobiernos de Franco han ocupado también responsabilidades de gobierno en el actual régimen democrático, hecho que seria impensable en Francia, Alemania o Italia, por citar algunos ejemplos.
Por tanto la Constitución del 1978 fue un acuerdo bajo el ruido de los sables (amenazas militares) entre franquistas y una parte de la oposición democrática. De esa debilidad inicial nació un marco que aparentemente creaba las bases de una democracia social y plurinacional, pero que de hecho las instituciones de justicia y la interpretación de los distintos gobiernos españoles han ido vaciando de todos los contenidos mas avanzados. En la última década, la coincidencia de la crisis económica con el conflicto España-Catalunya por un autogobierno sistemáticamente vulnerado y las derivadas del conflicto vasco han significado auténticos retrocesos en las libertades individuales, de manifestación, de asociación y de expresión. Y a día de hoy, con la excusa de la austeridad, se esta eliminando la base municipalista de la democracia y se derriban los pilares básicos del estado del bienestar construidos recientemente. 
Las 19 autonomías inventadas para frenar el caso vasco y el catalán han demostrado un fracaso en su objetivo y han representado un lastre de mal gobierno para  los principales partidos españoles, el PP y el PSOE. Aprovechando este desastre el Estado quiere aniquilar los restos de autogobierno de las naciones históricas, por eso la opinión pública en Catalunya y Euskadi, por primera vez, se muestra mayoritariamente partidaria de la independencia.
¿Estaríamos hablando, entonces, de una novedad? No. Catalunya, como Escocia o Flandes, tuvo una existencia política propia a las puertas de la contemporaneidad. Solamente actos de fuerza militar o uniones forzadas provocaron que estas sociedades autocefáleas fueran sometidas a nuevos Estados-nación, normalmente en manos de oligarquías contrarias a los intereses populares de las naciones anexadas y partidarias de la homogeneización cultural y religiosa de sus poblaciones. En el 2014 se cumplirán 300 años de una de estas anexiones violentas, contraria a los tratados internacionales de la época. Y se cumplirán 75 de la victoria militar de Franco con la ayuda de Hitler y Mussolini, de la que se derivó una dictadura de 40 años y una democracia de baja cualidad que ahora cumplirá 35 años.
La construcción de una república democrática catalana es la mejor aportación que podemos hacer los catalanes a la estabilización del flanco sur de Europa. Esperamos ser justamente correspondidos y recibir el soporte de los demócratas europeos.



Josep Huguet Biosca, Ministro de Gobernación de Catalunya (2004-2010)
@josep_huguetPresidente de la fundación Irla
Ingeniero industrial.

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