viernes, enero 25, 2013

Salvador Espriu



Salvador Espriu (1913-1985), de quien este año conmemoramos el centenario de su nacimiento, es uno de los mas grandes escritores de la literatura catalana. Autor de una obra poética, narrativa y teatral de una riqueza y una profundidad excepcionales, con un acento personal inconfundible, crea una visión del mundo de la mas estricta contemporaneidad desde unas raíces bien afianzadas, sobretodo en las tres culturas fundacionales de los pueblos mediterráneos: la egipcia, la judía y la griega, y que con su propia catalana expande sus ramas havia una visión y un sentido universales de las vicisitudes del hombre al largo de su historia.

El texto que presentamos, poco conocido, merece ser de actualidad teniendo en cuenta la situación actual de Catalunya y de los catalanes. La prueba es que nuestro europeismo y la manera de entenderlo no es en absoluto un brote espontáneo de las circunstancias, sino que proviene de un tiempo lejano, y ya entonces Espriu hacía de portavoz de un elemento constitutivo básico de nuestra existencia nacional desde sus orígenes, entre los siglos IX y X.


Lluís Calderer, escritor de la Fundación Independencia y Progreso.



ME HAN PEDIDO QUE HABLE DE MI EUROPA:



                                                    Cum grano salis
                                                    A Joan Crusellas.


Yo soy de una pequeña tierra sin ríos de verdad, a menudo sedienta de lluvia, pobre en árboles, casi privada de bosques, escasa en llanuras, excesiva en montañas, extendida por levante a lo largo de la vieja mar que acerca el difícil y sangriento diálogo de tres continentes. 
Unas palmeras que miro con los ojos cerrados siempre inmóviles cierran mi país por el sur. Por el norte, unas marismas. Y en la puesta del Sol existen otras tierras que anuncian el desierto, las nobles, agostadas, espirituales tierras hermanas a las que tanto amo.

Altas cumbres rompen mi patria en dos estados, pero una misma lengua es todavía hablada a lado y lado, y en unas claras islas adentradas en el mar antiguo, y en una región también insular, mas lejana, que hoy pertenece a un tercer poder.

¡Que diversa mi pequeña tierra y como ha debido de sufrir, durante siglos y milenios, la violencia de distintos pueblos, las ásperas guerras civiles encendidas dentro de sus límites y más allá del palmeral, de los humedales, de la seca altiplanicie y de las olas!

Porque suficiente conoce nuestro largo dolor que cualquier guerra desvelada entre los hombres, la mas extraña y grandiosa lucha que se encendió entre los hombres, es tan solo una guerra civil y nos trae a todos sufrimiento y tristeza, la destrucción y la muerte.

Por eso ahora es tan profunda nuestra esperanza -en mi sueño, ya contemplada realidad- de integrarnos, en un tiempo que sentimos cercano, salvadas nuestra lengua y nuestra historia, en una unidad superior que lleva el nombre abierto, bellísimo, de esa hija de Agenor, que un sabio observador vio prodigiosamente pasar de la costa fenicia a las playas de Creta.
Cuando llegue el día deberemos dar el primer e imborrable paso hacia la suprema unión e igualdad entre los hombres.
Tal vez entonces se nos permitirá empezar, sin clases sociales, ni odios religiosos, ni indiferencias crueles e injustas por el color de la piel, nuestra peregrinación a través del espacio, hacia la deseada luz, y seguir sin temores las misteriosas vías interiores de Dios, de la nada, los infinitos y libres y a la vez necesarios caminos verdaderos hacia la bondad.

Que no sea decepcionada nuestra esperanza, que no sea escarnecida nuestra confianza; muy humildemente lo pedimos.

                                                      Salvador Espriu, 1959

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