sábado, febrero 02, 2013

Francesc Macià, Presidente de la república catalana



El 25 de diciembre de 1933 moría en Barcelona, en el Palau de la Generalitat - la sede del Gobierno en pleno corazón de la ciudad- Francesc Macià, Presidente de Catalunya. Macià gozaba de una enorme popularidad que se había visto reflejada en las elecciones en las que se había presentado y que estalló en la multitud que asistió, compungida y solidaria, a su entierro.

Macià -conocido entonces como "El Abuelo", un apelativo familiar y lleno de estimación- había tenido una vida  azarosa y dedicada a sus ideales nacionales -cada vez mas definidos en una Catalunya independiente- y sociales -desde una izquierda con voluntad transformadora y a la vez alejada del marxismo. Pese a eso ni sus raíces familiares ni su primera vocación parecían haber de conducirlo hasta ahí. Nacido en 1859 en el seno de una familia terrateniente y negociante en el vino y el aceite, inició su carrera militar en el cuerpo de ingenieros, que lo llevó al grado de teniente coronel del Ejército español.

Y fue, precisamente, la actitud colpista de los militares, la evolución social de una Catalunya en ebullición y la reiterada discriminación del Estado hacia su país -que afectaba a las clases populares, la emergente clase media y el desarrollo económico, tanto del mundo rural como del urbano- que fue construyendo un Francesc Macià comprometido con la gente y la tierra e interesado en la intervención política, ya que fue diputado electo en Madrid en 1907 y que, pese a serle ofrecido el grado de coronel, renunció a la carrera militar.




Dedicado a su tarea como diputado en Madrid -cada vez mas activo en las reivindicaciones catalanistas, democráticas y sociales- y en pleno apogeo de la organización de nuevos movimientos políticos, el golpe de Estado del general Primo de Rivera el 1923 lo llevó al exilio a Francia y a América del Sur. Alineado en la convicción por el independentismo, Macià se convirtió en un incansable aglutinador de la lucha exterior contra la dictadura. 

En 1926 preparó un intento de invasión armada de Catalunya por los Pirineos -conocido como los hechos de Prats de Molló- que resultó ser un fracaso rotundo ya que tanto los expedicionarios como Macià al frente fueron detenidos por las autoridades francesas. El juicio posterior en París fue un gran éxito, no solamente por la insignificancia de la condena -dos meses que ya se habían cumplido- sino sobretodo por el eco internacional que obtuvo a partir de los alegatos del abogado defensor -el héroe francés de la Primera Gran Guerra, Henri Torres- y de los propios. El juicio, pues, se convirtió en un clamor contra la dictadura española y a favor de la libertad de Catalunya. Un clamor retransmitido ampliamente por la prensa de todo el mundo.

El diputado infatigable, el ex-militar que había apostado por la gente y por el país, se convirtió en un líder reconocido internacionalmente; en su retorno a Catalunya el febrero de 1931 participó en la fundación de un nuevo partido, Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), que aglutinaba fuerzas políticas, movimientos sociales y organizaciones territoriales diversas, con el catalanismo y la izquierda humanista como piedra angular. Predominaban en distinta medida los independentistas, y Macià era el líder indiscutible. Pocos meses después, el 12 de abril de 1931, ERC triunfaba de manera arrolladora en las elecciones municipales -como otras formaciones republicanas lo hicieron en otros lugares del Estado- y el 14 de abril, proclamaba la República Catalana que había de integrarse en una futura Federación de Repúblicas Ibéricas.
Tres días mas tarde, y después de largas negociaciones con ministros de la recién nacida República Española, Macià aceptó que Catalunya se convirtiera en un territorio con autonomía política y autogobierno propio dentro de un Estado único, con la voluntad de colaborar solidariamente en el progreso de todos sus territorios - una voluntad que no siempre fue correspondida por los sucesivos gobiernos de Madrid.
Macià murió cuando lideraba un proceso de reconstrucción nacional, de mejora social y de profundización democrática. Le sucedió – tanto en el partido como en la presidencia de la Catalunya autónoma- Lluis Companys, un abogado laboralista con una larga trayectoria política y con experiencia en la gestión municipal. Con un bagaje más escorado a las luchas sociales pero de idéntica firmeza catalanista, a Companys le tocó comandar el gobierno del país en momentos de gran dureza que se intensificaron con la insurrección fascista del general Franco en 1936. Exiliado a París, Companys fue detenido por la policía nazi, entregado a las autoridades franquistas, condenado a muerte en un juicio militar sumarísimo y ejecutado en Barcelona mismo el 1940.
En Europa, aún no hace ni setenta y cinco años, un jefe de gobierno elegido democráticamente era ejecutado impunemente y ninguno de los gobiernos del Estado español de la restauración democrática ha querido declarar nulo de pleno derecho ese juicio, un hecho impensable en otros Estados de esta Unión Europea que acaba de recibir un Premio Nobel de la Paz.

Ahora Catalunya ha apostado, con ímpetu, por iniciar el camino hacia la soberanía nacional. Lo hizo con la multitudinaria manifestación el 11 de setiembre en la que un millón y medio de personas reclamaron la independencia en las calles de Barcelona y con los resultados de las elecciones al Parlamento de Catalunya el pasado 25 de noviembre, en las cuales los partidarios de ejecutar el derecho a decidir sin limitaciones consiguieron 87 de los 135 escaños. Esta es la apuesta que, en un primer paso, se ha materializado en el acuerdo de legislatura entre Convergència i Unió -la coalición del gobierno- y Esquerra Republicana de Catalunya - ahora, y de nuevo, el primer partido de la oposición.
Un acuerdo que prevé un referéndum para convertir Catalunya en un nuevo Estado de Europa el 2014, un proceso que muchos queremos que conduzca a la República de Catalunya. Por eso es bueno recordar -tanto a nosotros mismos como a toda Europa- que el 25 de noviembre del 1933 moría Francesc Macià, presidente de la que fue la República Catalana. Y con la voluntad de construir un Estado de cariz social, moderno, abierto al mundo, justo, equitativo y libre. Antes y ahora.

Sobre el autor de este artículo para  Help Catalonia

Josep Bargalló Valls
Primer ministro y ministro de la oresidencia de Cataluña 2004- 2006
Ministro de Educación de Cataluña  2003-2004
Concejal enel ayuntamiento de Torredembarra  (1995-2003)
President del Instituto  
Ramon Llull  (2006-2010)
Desde  2010 es profesor de la universidad Rovira  i Virgili
@josepbargallo



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