domingo, abril 14, 2013

Cataluña es un proyecto de progreso



Silenciosamente, sin trascender fuera de las fronteras españolas, el catalanismo político nació hace 150 años con una doble ambición: conseguir para Cataluña un espacio propio –cultural, económico, político—y modernizar España, que era una estructura atrasada en relación a la revolución industrial catalana. La clase dirigente catalana entendió que sin regenerar la política, minada de corrupción, y sin modernizar España no habría un espacio estable para desarrollar el proyecto catalán de progreso. 

Cataluña, por lo tanto, no planteaba una ruptura formal con el Estado, ni planteaba una reivindicación nacionalista clásica, sino la necesidad de no interferirse mútuamente. De hecho, el que el catalanismo reclamaba el 1900 era: un Estatuto de autonomía (política); un concierto fiscal (recursos); el puerto de Barcelona (infraestructuras de conexión) y la Universidad (espacio cultural propio). El caso es que hoy, 2013, ninguno de estos cuatro ámbitos está garantizado y los cuatro son agredidos de forma constante por las leyes españolas o, en el caso de las infraestructuras, por la falta de inversión del Estado, que deja la potente economía catalana desasistida en su competitividad global. 

La convicción de que, cuando se modernizara España, el encaje de Cataluña sería positivo y estable quedó desmentida precisamente por la modernidad española impulsada en 1982 (Felipe González). El proyecto español resultó ser antagónico con el proyecto catalán. La modernidad española consistió en crear un macro-centro en Madrid que congregase toda la potencia económica, financiera, cultural, política, deportiva, simbólica, a cambio de desertizar y sucursalizar a todas las “provincias” sin distinción. Por eso, a pesar de que España es el país que ha hecho más km de alta velocidad ferroviaria en el mundo (exceptuando China), ni uno de los trazados toca una frontera (hasta 2013) mientras que todos los itinerarios pasan por Madrid! Claro que alguno de estos trazados se ha tenido que cerrar por falta de pasajeros y ninguno es rendible. Esta provincianización de España resultó ser una ruina económica y un lastre político, en la medida que ha creado unas élites locales sin proyecto –excepto en Cataluña y en el País Vasco—y dadas a explotar en beneficio propio el rendimiento de la obra pública… antes de la crisis. 

Ahora bien, el catalanismo político entendió también, antes de esta evidencia, que era preciso contribuir a financiar –con los excedentes catalanes—la futura modernidad española, como garantía de que el espacio catalán sería respetado. Como quien dice, se aceptó el drenaje fiscal (10% del PIB catalán) esperando que el pacto fuese temporal, que no lo fue: el mismo drenaje continúa hoy, cuando Cataluña necesita todos sus recursos para hacer frente a las necesidades sociales derivadas de la crisis. Tampoco ha sido estable el espacio catalán, ni la modernidad española ha aceptado compartir el peso simbólico de las respectivas capitales, Madrid y Barcelona (cuando se celebraron los Juegos Olímpicos, España se apresuró a organizar, en el mismo año, la Exposición Internacional de Sevilla!). Ni, por cierto, se ha invertido en infrastructuras catalanas. Lo que sí ha pasado es que la precaria economía española, que vive de las burbujas y las aportaciones gratuitas (fondos europeos o fiscalidad catalana), se ha hundido, hundiendo con ella a la economía productiva catalana. 

A la vista de esto, el catalanismo político, que abarca el 80% o más de la sociedad catalana, derecha e izquierda moderadas, planteó en 2006 rehacer el Estatuto de Autonomía para blindar el espacio catalán, la protección de la lengua y los recursos necesarios para llevar adelante el propio proyecto. Se hizo un Estatuto nuevo, España lo recortó al considerarlo excesivo, y una vez refrendado por el pueblo catalán, fue denunciado ante el Tribunal Constitucional y otra vez recortado. Recortado en todo lo que tenía de “nacional”, es decir, lo que iba más allá de competencias meramente descentralizadas o regionales. Le dijo España a Cataluña: eres una región como cualquier otra, tendrás lo que tienen todas y no más. Pero Cataluña no es eso en la conciencia de los catalanes: es un proyecto de progreso y de convivencia, de modernidad y de vocación europea, explicado y creado en lengua catalana. Y necesita para existir autonomía política, sus propios recursos, el espacio cultural y la conexión con el mundo que España impide. 

De manera que el sobiranismo, el deseo de independencia, no es sólo el cumplimiento de un mandato histórico, sino la conjunción de la conciencia de ser una nación conla ambición de desarrollo dentro del marco europeo. Una nación es un proyecto, y Cataluña no encaja dentro de España porque el proyecto español es otra cosa. La libertad es la consecuencia de una sempiterna agresión por parte de una España que no tolera la diferencia, que hace 300 años decidió someter a los catalans “a las leyes y la lengua de Castilla” y que ahora mismo está dictando leyes para imponer el régimen lingüistico español en la escuela o unos horarios comerciales homogéneos en los barrios de Cataluña. Cataluña no se va de España por despecho o por resentimiento, sino por la necesidad de un espacio propio que no existe bajo las leyes españolas. Un españolismo que, cuando se exacerba, produce monstruos como la dictadura del general Franco (40 años) que, desde el primer día, prohibió las instituciones catalans, la cultura y la lengua del país, la libertad civil y democrática, tratando de cumplir lo que tres siglos atrás había dictaminado el primer Borbón (1714). Dice el dicho: “para gobernar España es necesario bombardear Barcelona cada 50 años”. España está fundada sobre la violencia ejercida sobre todo aquello que es diferente. 

Una Cataluña independiente integrada en la Unión Europea –ni que temporalmente sea a través de los lazos comerciales—mantendría, en el plano humano, excelentes relaciones con España, porque estas relaciones existen hoy. Hay que diferenciar a las personas y los pueblos del agresivo y reductor Estado español (la encarnación de unas élites nefastas que concentran el poder y el relato). Los sentimientos que comparten catalanes y españoles (y habría que sumar aquí a los portugueses) prevalecerían más plenamente que hoy, cuando los reproches mutuos enturbian las relaciones. Es ahora que a Cataluña le cuesta vender su cava en España, a causa de los boicots comerciales. Siendo libres, seremos amigos. Seremos nosotros en el mundo. Seremos un aliado del progreso, del bienestar, del esfuerzo por hacer un mundo mejor.
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Patricia Gabancho
Escritora y periodista

3 comentaris:

  • guille says:
    15 de mayo de 2013, 09:20

    Ets gran Patricia, molt gran. Pocs ho expliquen tan bé com tu.

  • Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.
    Anis Dulic says:
    29 de mayo de 2013, 08:06

    Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.

  • YuriBCN says:
    29 de mayo de 2013, 10:06

    Benvolguda Anis,
    Queda clar que no estas d'acord, però tampoc cal comentaris com el de fumar julivert. Si tens res a dir i argumentar, fes-ho sense emprar expressions que podrien ofendre.
    Quan als resultats del referèndum de l'estatut, no cal recorda tot el que ha passat i els sondeigs durant els últims 7 anys!
    Si tant segura estas de les majories i de que Catalunya ja és lliure, no tindràs res en contra de que es faci un referèndum per a esbrinar la Catalunya real, oi?

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