miércoles, mayo 29, 2013

Guerra sucia, ahogo económico y derecho a decidir

 

Ilusión e inquietud es como se pueden resumir los sentimientos de buena parte de los catalanes a día de hoy. Ilusión por un nuevo porvenir e inquietud por lo desconocido, futuro y presente.

En este presente diario, y caminando hacia una situación política que permita al catalanes tener más libertad, nos encontramos dos elementos que condicionan el día a día: la precariedad económica y la guerra sucia. Dos condicionantes que querer ignorar es de miopía política.

Cataluña no vive aislada ni tiene capacidad para realizar y decidir en el aspecto económico para si misma, sin contar con nadie. Al contrario. Está ligada a la economía española, europea y a la del resto del mundo. Esta es la realidad. ¿Qué hay que hacer entonces, cruzarnos de brazos? ¡No! Hay que luchar para cambiar la situación. La pregunta es cómo hacerlo.

El techo de déficit público anual viene impuesto de forma global por la Unión Europea y de forma específica para España. Un hecho que lo condiciona todo, nos guste o no. Y insinuar que con la declaración inmediata de la independencia este condicionante desaparecerá es ignorar el mundo en el que vivimos, aparte de mentir de forma descarada.

Tenemos, además, unas estructuras económicas -en algunos casos débiles- que necesitamos enderezar para poder hacer crecer la economía, dar estabilidad a las empresas y situar la tasa de paro a un nivel bajo y aceptable como residual.

Necesitamos salir de esta precariedad que cabalga de forma descontrolada. Y esto ocurre porque las empresas y los negocios no tienen liquidez diaria para hacer frente a sus gastos y por el miedo de los empresarios y propietarios a descapitalizarse personalmente por ir realizando aportaciones económicas a sus empresas y negocios, porque al empresario también le preocupa su futuro personal y el de los suyos. Necesitamos hacer circular el dinero. Hacerlo de forma prudente, pero que circule. Invirtiendo, comprando y ahorrando de forma mesurada.

España hasta ahora ha jugado con un planteamiento económico peligrosísimo, incluso para ella misma. Ha engañado a la sociedad española mostrándose como lo que no era , sin ofrecer un planteamiento de futuro. Y con respecto a Cataluña, además, lo ha hecho con soberbia y prepotencia, con el objetivo de doblegar la voluntad de la mayoría de los catalanes, sin percatarse que con su política estaba deteniendo un motor económico que le acabaría condicionando a ella también. Y es en este escenario donde nos encontramos ahora. Matar a la gallina que da los huevos permite hacer caldo un día y comer sopa unos pocos días más, pero cuando se acaba el caldo se acaba la comida: no hay más gallina para matar, ni tampoco huevos. Esta ha sido la tontería que el resto del mundo no comprende. Y nosotros, que la sufrimos, tampoco. Han asustado a los catalanes, pero también han dado alas a los planteamientos que con España no hay nada que hacer.

El dinero no se mueve. La gente compra lo justo y necesario y poco más. Siempre hay excepciones, pero estas no cuentan porque ellos solos no tienen suficiente capacidad para hacer mover la rueda general de la economía. Hay crisis económica real y, la más peligrosa, la psicológica, que atenaza internamente la gente sin razón. Tenemos miedo por el futuro personal. Miedo por una situación real y a veces infundada que es alimentada por las declaraciones irresponsables de políticos mediocres y por unos medios de comunicación inmersos en una guerra de audiencia y ventas que cada día nos sorprenden con este "a ver quién la dice más gorda" en el que vivimos. La cultura no vende, y las páginas de los periódicos y los minutos televisivos deben llenarse como sea.

Vivimos en un país analfabeto -culturalmente hablando- y eso también es muy grave. Necesitamos enderezar la situación, una tarea complicada. O empezamos a hacerlo o nos ahogaremos en el lodazal. Es necesaria una regeneración cultural que conlleve una regeneración moral. No podemos esperar que sea papá Estado quien lo haga, que también debe hacerlo. Debemos empezar a hacerlo nosotros cada día en nuestras casas.

El Estado español nos ahoga económicamente, es cierto. Tenemos un sistema de financiación vendido hace pocos años como el mejor por los gobiernos anteriores (solo faltaría que no hubiera sido así si cambiaba la anterior). No era el mejor, si no que mejoraba el anterior y poco más. No era ni es bueno porque no cambió quien poseía el dinero en primer lugar, la denominada “llave de la caja”. Un sistema que continúa dependiendo de los anticipos mensuales a cuenta de una cantidad anual calculada y acordada en el marco de la LOFCA.

Cuando el gobierno español dice que hay que flexibilizar el déficit según cada Comunidad Autónoma no lo hace por una graciosa concesión, sino porque el economista Montoro se ha dado cuenta que, por mucho que sea un nacionalista español, matar a la gallina representa que todos se queden sin comer. Son asnos, pero no del todo imbéciles.

Y aquí entra otro elemento que también distorsiona el día a día, que es la guerra sucia. Guerra sucia que en algunos casos nos beneficia, aunque parezca un contrasentido. España, en su afán de querer hacer descarrilar el proceso hacia la autodeterminación, está ayudando a regenerar la política catalana y alejar de ella a los indeseables, aunque sea a costa de matar algún inocente. En esta guerra sucia estamos en el estadio de los políticos, y no tardaremos mucho en pasar al mundo económico y cultural en general. Veremos nuevos dossieres vendidos por la prensa a sueldo de esta guerra sucia como verdades absolutas. Dossieres que luego desaparecen habiendo cumplido el objetivo por el que se difunden, que es el de disminuir la credibilidad de la sociedad en sí misma y de sus dirigentes. Unos dossieres que son coreados por el resto de la prensa, que no quiere quedarse atrás en ventas, sin darse cuenta de que acaban favoreciendo a la guerra sucia. Ante esto hay que ser cautos y críticos ante las noticias, sin dejarse llevar por el titular del momento.
Cataluña debe vivir cada día y llegar a un futuro nuevo como una nación no destruida internamente, tanto en el aspecto económico como moral.

Hay que exigir responsabilidad a los dirigentes del país. Hay que exigir implicación en la recuperación diaria de la sociedad. Exigir que lo hagan dejando de lado encuestas electorales y planteamientos de corto vuelo. Cataluña merece liderazgo y corresponsabilidad, sólo así podremos llegar al momento de ejercer el derecho a decidir como una sociedad cohesionada y ilusionada por un nuevo futuro. Dejemos de lado el nerviosismo en el que estamos instalados y serenémonos, por el bien de todos.

Cataluña, los catalanes lo merecemos.


Jordi Colomines


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