martes, mayo 21, 2013

Los amigos de Hitler


España es el único país europeo que no castigó los jerarcas fascistas que asaltaron el poder y que se mantuvieron en él durante cuarenta años. De hecho la legalidad de la democracia española deriva -vía reforma- del hilo que une el régimen actual con el alzamiento militar del julio del 36, como demuestra con su presencia permanente el actual jefe del Estado elegido "a dedo" por el dictador Francisco Franco.

No es este el caso de Catalunya. Artur Mas es presidente de la Generalitat como sucesor legítimo de Francesc Macià y Lluís Companys, y el mismo Josep Tarradellas retornó - como presidente de la Generalitat en ejercicio- en virtud de la legalidad original de las elecciones de febrero del 36. De hecho todos los partidos catalanes -con la excepción de los dos partidos unionistas PP y Ciudadanos- se consideran vinculados a esta legalidad republicana.

Estas dos legitimidades han convivido en paralelo durante las tres últimas décadas. Y esto, inevitablemente, marca dos niveles diferentes de sensibilidad democrática y dos maneras muy distantes de elaborar el discurso político. Por eso, en España existen personajes como Rodríguez Ibarra, que son capaces de afirmar que es golpista todo aquel que intenta saltarse la Constitución (eso es lo que pretende Catalunya cuando quiere convocar un referéndum donde sólo voten los catalanes) y
ha equiparado el Presidente Mas con Hitler y Mussolini, afortunadamente una rareza en la Europa democrática.Salvador Cot

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