sábado, junio 01, 2013

Europa: cuenta atrás




El artículo de hoy quiere representar un informe para los eurócratas. La UE acaba de amonestar España por el retraso en las reformas y por el incumplimiento de los compromisos. Pero Europa se comporta -de momento- como un gris contable que sólo exige a sus asociados unos resultados numéricos estándares: es decir, ejerce la soberanía solamente en la reclamación de resultados y en la defensa de los grandes intereses financieros, pero es incapaz de ejercer la soberanía sobre los estados con respecto a las políticas que éstos deben seguir para superar sus debilidades estructurales, entrando a fondo en las entrañas del problema en cada país. Esto propicia que Gobiernos ineptos o vinculados a determinadas castas económicas y/o burocráticas busquen la obtención de los resultados formales que les pide Europa protegiendo sus intereses particulares y en detrimento de los sectores mayoritarios que en un momento determinado pueden provocar una explosión social en cadena. No sería la primera vez que esto ocurre en Europa.

Pero aún hay casos más peligrosos que la falta de intervención directa europea ha convertido ahora en auténticas bombas de relojería bajo los cimientos de la UE. El principal de estos casos es el español. Hace poco el articulista Matthew Parris del The Times señalaba que Cataluña era una bomba para Europa si se llegaba a separarse de España, y por ello recomendaba negociar. Pero Parris sólo acertaba en la capacidad destructiva para Europa que puede tener un suceso incontrolado en Cataluña, superior al efecto de Chipre o Portugal. En el resto erraba, tanto en el diagnóstico como en la sincronización de la explosión. Ésta se producirá antes de que tenga lugar el referéndum; será de contenido social y económico y arrastrará España al infierno, y detrás irá Europa. Y no soy Niño Becerra.

Desgranemos el momento que estamos viviendo, donde el reloj empieza la cuenta atrás. El Gobierno de Rajoy está haciendo un pulso al de Cataluña (Valencia y Baleares aparte) para forzar a aprobar unos presupuestos con un déficit del 0,7%, que supone en términos relativos un impacto superior al que ha significado el recorte en Portugal y Chipre. Con la diferencia que estos dos son estados soberanos que tienen que asumir sus responsabilidades íntegramente y Cataluña es un ente subestatal sin capacidad recaudatoria (la poca que quiere ejercer la anula el Estado), al que el Gobierno español soberano le debe 10.000M de euros y recauda de él, anualmente y sin retorno, el 9% de su PIB, unos 17.000M €. Cataluña, pues, está al borde del colapso. Y éste no lo evitará ni una prórroga al 0,7% ni la aprobación de un presupuesto sin tener garantizado formalmente (por cierto, con Madrid ni eso asegura ningún cumplimiento) la flexibilización del déficit que un hombre tan moderado como el miembro del Banco de España López-Casanovas cifraba en un mínimo del 2,3% del PIB.

Madrid ni cede ni decide nada. Y en Cataluña los políticos que configuran la mayoría parece que finalmente han entendido que, morir por morir, prefieren que quede claro que la quiebra de Cataluña es un caso de homicidio, no un caso de suicidio. Por ello los políticos españoles, muy aficionados al juego (que incluso lo desgravan), al estraperlo y a la picaresca, están realizando un farol en una partida de ruleta rusa. No se dan cuenta que ya sólo queda un tirón y la bala.

La clase media catalana está empobrecida o en vías de empobrecimiento, sus jóvenes salen a la diáspora o optan por la economía sumergida, los trabajadores están angustiados por el trabajo o directamente están al paro del 27% (Extremadura tiene un 30% de paro y un 30 % de funcionarios, Cataluña casi un 30% de paro y menos del 10% de funcionarios). No ha estallado socialmente porque una mayoría tiene la esperanza de cambiar el marco político con la creación de un estado propio, por ahora esto representa una válvula de descompresión. Si la válvula se obtura Cataluña estallará, un territorio que representa el 20% del PIB español, el 24% de sus ingresos, la tercera parte de la exportación, el 40% de la exportación de alto valor añadido y de muchos ámbitos de los resultados en investigación, principal puerto del mediterráneo y principal destino turístico.
¿Hay algún analista que crea que con estas potencialidades un país que se gobierne a sí mismo con todos sus recursos estaría al borde de la quiebra? Siempre saldrán los hipercríticos diciendo que en Cataluña también hay elementos de mal gobierno y corrupción. Efectivamente, como en todo el mediterráneo.
Hagamos comparaciones en porcentajes de economía productiva y especulativa, porcentajes entre la economía legal y la sumergida con cualquier otra región española, italiana o del sur de Francia. Cataluña ganaría en porcentaje de economía sana y creativa en relación a cualquiera de los otros territorios. Como ejemplo sólo hay que ver el mapa de la European Research Council sobre excelencia científica. La única concentración importante de talento por debajo del paralelo de Ginebra se produce en Cataluña e Israel.

Con estas potencialidades la sociedad catalana está a punto de lanzarse a la calle y las finanzas públicas del Gobierno autonómico a un paso de la quiebra, porque una casta burocrático-oligopólica (la denunciada magistralmente en los últimos libros de Germà Bel y Óscar Pazos) defiende sus intereses particulares y practica esa imbécil y tradicional política hispánica de "más vale honra sin barcos que barcos sin honra". En versión moderna, "antes hundida que rota".

Pues bien señores eurócratas, termino el informe presentándome: he sido funcionario, exactamente Consejero (ministro) del Gobierno de Cataluña durante siete años en el ámbito de la Industria, Comercio, Turismo y Universidades, y ahora doy el apoyo benévolo a pequeñas empresas.
Apresurarse a intervenir políticamente en España porque la cuenta atrás de la bomba catalana llega a su final.
 
Josep Huguet Biosca, ex ministro del Gobierno de Catalunya (2004-2010).
Presidente de la Fundación Irla

Ingeniero industrial
 

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