martes, junio 11, 2013

Europa: cuenta atrás


Este artículo pretende ser un informe dirigido a un eurócrata. Señor, la Unión Europea acaba de amonestar España por el retraso en las reformas y por el incumplimiento de los compromisos. Pero Europa, de momento, se comporta como un gris contable que sólo exige a sus asociados unos resultados numéricos estándares. Es decir, ejerce la soberanía sólo en la reclamación de resultados y en la defensa de los grandes intereses financieros, pero es incapaz de ejercerla respecto a las políticas que los Estados deben seguir para superar sus debilidades estructurales, por lo que no entra a fondo en las entrañas del problema. Esto propicia que Gobiernos ineptos o vinculados a determinadas castas económicas o burocráticas busquen la obtención de los resultados formales que exige Europa, al tiempo que protegen sus intereses particulares en detrimento de los sectores mayoritarios que en un momento determinado pueden provocar un estallido social en cadena. No sería la primera vez que esto pasa en Europa.

Pero aún hay casos más peligrosos que la falta de intervención directa europea ha convertido en auténticas bombas de relojería bajo los fundamentos de la Unión Europea. El principal de estos casos es el español. Hace poco el articulista Matthew Parris,del diario británico The Times, señalaba que Cataluña es una bomba de relojería para Europa si se separa de España, y recomendaba negociar. Pero Parris sólo acertaba en la capacidad destructiva para Europa que puede tener un acontecimiento incontrolado en Cataluña, superior al efecto de Chipre o el mismo Portugal. En el resto se equivocaba en el diagnóstico y en el momento de la explosión. Esta se producirá antes de que tenga lugar el referéndum, será de contenido social y económico, y arrastrará España al infierno. Y con ella, Europa. Y no soy Niño Becerra.

Desgranemos el momento que estamos viviendo, donde el reloj marca la cuenta atrás. El Gobierno de Rajoy está echando un pulso al de Cataluña (Valencia y Baleares aparte) para forzar la aprobación de unos presupuestos con un déficit del 0,7% que en términos relativos equivale a un impacto superior al que han significado los recortes en Portugal y Chipre. Con la diferencia que estos son dos Estados soberanos que deben asumir sus responsabilidades íntegramente, y Cataluña es un ente subestatal sin capacidad recaudatoria (la poca que desea ejercer la anula el Estado), a la que el Gobierno español soberano le debe 10.000 millones de euros y recauda, sin retorno, el 9% de su PIB, unos 17.000 millones de euros. Cataluña, pues, está muy cerca del colapso. Y este no se evitará ni prorrogando el 0,7% de déficit, ni aprobando un presupuesto sin tener garantizado formalmente la flexibilización del déficit, que un hombre tan moderado como el miembro del Banco de España López-Casasnovas cifraba en un mínimo del 2,3% del PIB.

Madrid no afloja ni decide nada. Y en Cataluña los políticos que configuran la mayoría parece que finalmente han entendido que, morir por morir, es preferible que quede claro que la quiebra de Cataluña es un caso de homicidio, que no un caso de suicidio. Por ello, los políticos españoles tan aficionados al juego (que incluso lo desgravan), al estraperlo y a la picaresca están jugando un farol en una partida de ruleta rusa. Pero no se dan cuenta que ya sólo queda un tiro y una bala.

La clase media catalana está empobrecida o en vías de empobrecimiento, sus jóvenes salen a la diáspora o a la economía sumergida, los trabajadores están angustiados por el trabajo o directamente en situación de desempleo, que ya asciende al 27% (Extremadura 30% de desempleo y 30% de funcionarios; Cataluña casi 30% de desempleo y menos del 10% de funcionarios). No ha estallado socialmente porque una mayoría tiene la esperanza de cambiar de marco político con la creación de un estado propio. Por ahora es una válvula de descompresión. Si la válvula se obtura, Cataluña estallará; un territorio que significa el 20% del PIB español, el 24% de sus ingresos, la tercera parte de la exportación, el 40% de la exportación de alto valor añadido junto con los resultados en distintos ámbitos de la investigación. Principal puerto del mediterráneo y principal destino turístico.

¿Hay algún analista que crea que con estas potencialidades, un país que se gobernara a si mismo con todos sus recursos estaría a punto de quebrar? Siempre aparecerán los hipercríticos diciendo que en Cataluña también hay elementos de mal gobierno y corrupción. Efectivamente, como en toda la mediterránea. Pero, ¿hacemos comparaciones en porcentajes de economía productiva y especulativa? ¿Comparamos porcentajes entre economía legal y sumergida con cualquier otra región española, italiana o del sur de Francia? Cataluña superaría sobradamente el porcentaje de economía sana y creativa en relación a cualquiera de estos territorios. Como muestra sólo hay que ver el mapa de la European Research Council sobre excelencia científica. La única concentración importante de talento por debajo del paralelo de Ginebra se localiza en Cataluña e Israel.

Con estas potencialidades la sociedad catalana está a punto de lanzarse a la calle y las finanzas públicas del Gobierno autonómico a un paso de la quiebra, porque una casta burocrático-oligopòlica (la denunciada magistralmente por los últimos libros de Germà Bel y Óscar Pazos) defiende sus intereses particulares y practica aquella imbécil y tradicional política hispánica de “más vale honra sin barcos que barcos sin honra”. En versión moderna “antes hundida que rota”.

Pues bien, Sr. Eurócrata, acabo el informe presentándome. He sido funcionario, Consejero (ministro) del Gobierno de Cataluña durante siete años en los ámbitos de la Industria, Comercio, Turismo y Universidades. Y ahora apoyo benévolamente a pequeñas empresas. Apresúrese en intervenir políticamente en España porque la cuenta atrás de la bomba catalana llega a su fin.

Josep Huguet Biosca, ex ministro del Gobierno de Catalunya (2004-2010).
Presidente de la Fundación Irla

Ingeniero industrial



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