jueves, junio 20, 2013

La lucha de España contra el derecho a decidir de los catalanes

Ilusión e inquietud es como se pueden describir los sentimientos de los catalanes a día de hoy. Ilusión por un futuro nuevo e inquietud por lo desconocido, tanto futuro como presente.

En este camino para obtener una libertad plena hay dos elementos que condicionan el proceso que está llevando a cabo: los problemas económicos y la guerra sucia.

Cataluña -económicamente hablando- no vive aislada y tiene poca capacidad para tomar decisiones económicas propias porque está ligada a la economía española, a la europea y a la mundial. Tiene impuesto, desde la Unión Europea, un techo de déficit público anual repercutido por España, sin tener en cuenta los esfuerzos económicos realizados. Tiene unas estructuras económicas -en algunos casos débiles- que hay que fortalecer para hacer crecer la economía, dar estabilidad a las empresas y situar la tasa de desempleo a niveles razonables. Las empresas no tienen liquidez para hacer frente a los gastos. Crece el miedo de los empresarios a descapitalizarse personalmente al verse obligados a hacer constantes aportaciones económicas a sus negocios. Frente a esto hay que realizar un esfuerzo común para hacer circular el dinero y generar crecimiento económico.
España -en lugar de ayudar- crea problemas económicos con su afán de detener a los catalanes en su derecho a decidir, sin darse cuenta de que se está creando a sí misma un problema por culpa de la miopía nacionalista española. Detener uno de los motores económicos del Estado implica también -según el artículo reducido publicado en "La réalité de la nation catalane"- a la ciudadanía española. Es una tontería que se mira sin entender. Se ha buscado atemorizar a los catalanes creando sensación de miseria económica, y han terminado asustando a toda la ciudadanía española.
El dinero no se mueve y la gente, en general, compra poco. Hay excepciones, pero éstas no son suficientes para hacer girar la rueda de la economía.
Hay crisis económica real y psicológica. El Gobierno español ha conseguido despertar el miedo entre la población – que sufre por su futuro personal- con su política errática y con las declaraciones irresponsables de políticos mediocres.
España ahoga económicamente Cataluña con un sistema de financiación injusto porque la condena a no tener recursos propios y tener que esperar siempre los anticipos mensuales en función de un cálculo anual realizado por el propio Gobierno español. Éste ha repartido los gastos sociales y sanitarios entre las Comunidades Autónomas y se ha quedado con las fuentes de ingresos. Tiene la llave de la caja y, además, impone una solidaridad excesiva hacia unos pretendidos pobres.
Ahora el Gobierno español plantea una flexibilización del déficit según cada Comunidad Autónoma porque se ha dado cuenta que si el nacionalismo español mata a la gallina que pone los huevos -Cataluña- todo el Estado deberá apretarse el cinturón.
Hay otro elemento que distorsiona el día a día, la guerra sucia, presentando a Cataluña como insolidaria y egoísta, atacando a sus líderes con supuestos actos corruptos que luego no demuestran y provocando el desánimo entre la población.

Cataluña exige a sus dirigentes responsabilidad, a la sociedad implicación, y a España que deje de provocar el suicidio de la sociedad española buscando doblegar a los catalanes.

Jordi Colomines

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