lunes, julio 15, 2013

La España del rescate

Cada vez la siento más distante, la España casposa, irracional e injusta, que no sólo necesita un "rescate" bancario. Mi desafección incluso empieza a superar la rabia por los trenes de alta velocidad que no llevan a ninguna parte, por los aeropuertos que no se necesitan, o por los peajes injustos que pagamos no sólo en la autopista. "La cosa" está cogiendo "tintes" personales.

Hace años que he decidido prescindir de la nacionalidad española. Creo que para ser catalán no necesito un pasaporte español - aquellos con los que comulgo, también consideran sus pasaportes "extranjeros". Simplemente soy catalán (de adopción, eso si) con pasaporte (y cara ) de alemán, y aquí no pasa nada... Pensaba yo. Hasta que me caducó mi 'tarjeta de residencia' y la quise cambiar por el nuevo 'certificado de número de identificación de extranjeros' (NIE), un documento del que ya el nombre recuerda regímenes que pertenecen al pasado y que se pide directamente a la Policía Nacional, 'en persona' y sólo en la comisaría de Girona capital. Fui bien preparado, con toda la documentación que había sido capaz de averiguar en Internet y que no pude comprobar llamando antes, dado que las grabaciones automáticas a los teléfonos que facilitan a los usuarios, sin distinguir entre los 'comunitarios' y los de el resto del mundo, son la mejor prueba del desprecio que la administración española siente hacia los seres humanos.

Tras comprobar que los inmigrantes ilegales sólo se reciben con todo tipo de atenciones humanas y sanitarias ante las cámaras de televisión, accedí al primer piso -el de los comunitarios- donde me tocó ser "despachado" por una funcionaria que aún debe aprender que cobra por prestar un servicio a los ciudadanos. Me obligó a hablar en castellano afirmando que me encontraba en "territorio de España". Como sólo quería realizar el trámite (y no buscarme "líos"), empecé a sacar papeles. Ella, ni caso. "¿Quiere que le diga lo que tiene que traer?" Fue toda su dirección. "Ha salido una nueva ley y lo que aparece en la página web está obsoleto desde hace tres semanas y yo no tengo la culpa, ni de eso, ni de que no funcionen los teléfonos de atención al público". Incluso me dejó de atender para hablar con una compañera al otro lado de la sala, obviamente sin levantarse de su silla. En pleno siglo XXI no se puede consentir este trato vejatorio por parte de una empleada del Estado, ni perder el tiempo y hacer quilómetros porque este sea incapaz de actualizar sus webs, ni de organizar, como Dios y los tiempos que corren mandan, los servicios que está obligado a dar.
Ahora viviré en Cataluña como un prófugo indocumentado, a ver qué pasa.

Thomas Spieker
Traducción del artículo original publicado en el 'Diari de Girona' con expresa autorización del autor. 
Del mismo autor: El Estado psicópata

1 comentaris:

  • Jordi Tobella says:
    16 de julio de 2013, 06:59

    Recomiendo publicarlo en algún periodico alemán.
    Que el pueblo alemán vaya dandonse cuenta que no es lo mismo ser catalán que español. Nosotros sabemos de siempre como tratan los funcionarios de la policia nacional a los catalanes. Ahora lo sabe un alemán.

Publicar un comentario