jueves, octubre 17, 2013

Consecuencias de la Guerra de Sucesión: la historia de 5000 barceloneses obligados a abandonar sus hogares


"Entre 1717 y 1718 se hizo desaparecer el 17% de la superficie urbanizada de la Barcelona de la época, lo que conllevaría un grado de destrucción mayor que la propia guerra". El artista Frederic Perers explica cómo homenajea las 73 familias obligadas a dejar sus casas.


¿Qué encontrarán las personas que visiten los alrededores del Mercado del Born? ¿Lo realizaste tú solo o tuviste alguna colaboración? Hasta cuando se podrá ver "La Ribera homenajea la Ribera"?

Encontrarán setenta y tres apellidos colgados en los balcones de las fachadas que dan al mercado, apellidos que corresponden a las setenta y tres familias que vivían en las casas que se han encontrado en el yacimiento. Representan simbólicamente los cinco mil barceloneses que, obligados por las autoridades borbónicas, tuvieron que dejar sus hogares debido a la construcción de una fortaleza militar: la Ciudadela. “La Ribera homenajea la Ribera” es un proyecto personal hecho con la imprescindible participación de los vecinos y se podrá ver hasta después de la Diada.

¿Qué les pasó exactamente a miles de barceloneses del barrio de la Ribera en 1714? ¿Qué impacto tuvo para la ciudad?

En septiembre de 1714, hacia el final de la Guerra de Sucesión, Barcelona era derrotada y ocupada por las tropas franco-castellanas. Con el decreto de Nueva Planta, Felipe V abolía las instituciones propias de Cataluña e imponía la organización política castellana. Sin embargo, la represión de Felipe V contra la capital catalana no se detuvo aquí: terminada la guerra, uno de los primeros propósitos de los vencedores fue construir dos fortalezas para dominar a los barceloneses y sacarles de la cabeza cualquier intento de rebelión futura. La primera, que debía emplazarse en los astilleros, no llegó a hacerse. La segunda se situaría en la zona del Besós, junto al baluarte de Santa Clara, y tendría unas consecuencias brutales para el Cuartel de Mar. Iniciada en 1716, la fortaleza pedía tener delante un gran espacio libre de edificaciones, lo que conllevaría un grado de destrucción mayor que el de la propia guerra.

Entre 1717 y 1718 se llevaron a cabo los derribos que harían aparecer la explanada. Alcanzaron una cantidad ingente de calles y diversos barrios, y en dos años se hizo desaparecer el 17% de la superficie urbanizada de la Barcelona de la época.

Los propietarios, algunos de los cuales habían reconstruido los desperfectos que la artillería borbónica había causado en las casas, fueron expropiados sin indemnización y se les obligó a derribar sus propios inmuebles. Alrededor de cinco mil vecinos -la misma población que tenían entonces ciudades como Vic o Girona- tuvieron que irse de casa, el 70% de los cuales acabaron en poblaciones vecinas.

Convertida en una inmensa explanada, la zona no se reconstruiría hasta finales del siglo siguiente. En 1869 los terrenos de la Ciudadela fueron devueltos a la ciudad y posteriormente el arquitecto Fontseré proyectó el parque, el mercado y reurbanizó la zona, dando al barrio la fisonomía actual.


¿Cómo surgió la idea de hacerles un homenaje?

A finales de 1999 instalé el estudio en la calle de la Ribera, prácticamente enfrente de una de las puertas laterales del mercado. En 2001, en el interior, pusieron en marcha las excavaciones que pondrían al descubierto la Barcelona de comienzos del siglo XVIII. Desde el balcón de casa pude seguir a diario la evolución de estos trabajos, que hacían cada vez más visibles los vestigios de la Barcelona antes de la ocupación borbónica.

En el año 2003, por la Diada, TVC emitió el documental “El Born, un vínculo con el pasado”, dirigido por Jordi Fortuny y Marina Pino. Que yo recuerde, por primera vez se me informaba de la tragedia vivida en el barrio pocos años después del asedio de 1713-1714, se me ofrecían las cifras de la barbarie y conocía el descalabro humano.

Mis obras parten casi siempre del propio lugar, del escenario de los hechos. No hace falta decir que el conocimiento de la desgraciada historia de los ribereños de entonces me motivó enormemente a poner en marcha un memorial que los dignificara. Casi desde el primer momento pensé en usar los apellidos de aquellas familias, pero la única persona que me los podía facilitar era el historiador Albert Garcia Espuche, la persona que más conoce la historia de esta zona de la ciudad. Garcia Espuche llevaba años trabajando en la obra que les tenía que reunir, La Ciudad del Born, pero hasta 2009 este trabajo no vería la luz.

Con la publicación y obtención de los apellidos conseguí llegar a la mitad del camino, ya que todavía habría que averiguar qué grado de empatía con el proyecto obtendría de los vecinos. “La Ribera homenajea la Ribera” sufrió entonces varios aplazamientos, y finalmente a finales del 2012 decidí retomar el proyecto y sacarlo adelante en los primeros meses de 2013, antes de la apertura del Born Centro Cultural.

¿Por qué lonas en los balcones? Pretende ser un acto de participación ciudadana (o, al menos, que implique a los vecinos)?

Me gustaba la idea de ver a vecinos homenajeando vecinos, que los habitantes de la Ribera de hoy fueran los actores principales de este memorial y los protagonistas del regreso al barrio de los apellidos de los expulsados. Separados únicamente por el tiempo, los vecinos de la Ribera de hoy se han solidarizado simbólicamente con los vecinos de la Ribera de ayer. Con un recuerdo austero, sereno y silencioso, sin siglas ni consignas.

Y me gustaba especialmente que la instalación utilizara los balcones como soporte, el lugar más público de una vivienda, de un ámbito privado. El espacio donde, sin salir de casa, la ciudadanía cuelga y expresa individualmente su compromiso, sus reivindicaciones y sus alegrías colectivas.

Balcones vestidos de apellidos: una manera directa, visible, viable y participativa de hacer el homenaje.

¿Cuál es el objetivo principal?

Por un lado, recordar los expulsados de la
Vilanova dels Molins de la Mar, la Fusina, la zona del convento de Santa Clara, la Ribera, el Pla d'en Llull ... barrios desaparecidos, los nombres de la mayoría de los cuales ya no dicen nada a los habitantes de la Barcelona del 2013. Parece mentira pero tres siglos después de los hechos la ciudad todavía tenía pendiente de rendir un homenaje a tantos y tantos barceloneses que, después de un asedio brutal y por una imposición foránea, fueron desterrados de sus casas.

Por el otro, que los ribereños de hoy tomen conciencia de que están en la zona cero de 1714, en el lugar de la barbarie. Los actuales habitantes de la Ribera hacen vida en las primeras casas que se construyeron después de la destrucción de esta parte de Barcelona. Valía la pena reincorporar los hechos en la memoria colectiva del barrio y del país.

¿Consideras importante recordar los hechos de 1714 y sus consecuencias? ¿Por qué?

Hombre, que te echen del mapa a golpe de bomba es un hecho terrible que como país no hemos querido olvidar. Nuestra minorización como pueblo arranca con aquel descalabro, pero la fecha trágica es también el inicio del pesado camino hacia la recuperación de la plenitud nacional. Han sido necesarias muchas generaciones que creyésemos para llegar allí donde estamos ahora, a las puertas de alcanzar el estado propio.

¿Ves relación entre los catalanes del 1714 - o al situación que se vivía en Cataluña- con los catalanes y el país actuales?

En ambos casos se encuentran en un cruce, en un momento determinante para el futuro del país. La diferencia radica básicamente en la dirección de los acontecimientos. Mientras que hace 300 años Cataluña tocó fondo con la pérdida de las libertades nacionales, ahora - precisamente- estamos en las puertas de reconvertirnos de nuevo en propietarios de nuestro futuro. La clave es que entonces las cosas se decidían a palos y ganaba el más fuerte. Ahora las decisiones las toman las mayorías, y si hacemos piña seremos lo que queramos, digan lo que digan en España y en el resto del mundo.

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