viernes, abril 25, 2014

Cuatro conceptos básicos de derecho constitucional, de aquellos que aprendes en la Universidad nada más empezar


La Constitución es democrática, de origen popular: Esto significa que el pueblo lo ha votado. Pero... ¿de qué pueblo estamos hablando? Si hombre, de aquellos ciudadanos que después de casi cuarenta años de dictadura franquista, donde los derechos fundamentales eran vulnerados a diestro y siniestro, vieron un destello de esperanza con la Carta Magna. ¿Quien no lo habría votada entonces? Evidentemente, treinta años más tarde, ¡seguro que más de uno no la hubiera votado! Además democrática quiere decir que el poder reside en la nación, en el pueblo. Entonces, ¿cómo se puede entender, dentro de esta supuesta constitucionalidad, que el pueblo catalán no pueda llevar a cabo una consulta y decidir sobre su futuro?


La Constitución es consensuada: Es decir, que fue el bonito fruto de un pacto entre todas las fuerzas políticas del momento. De ese momento, claro. Fuerzas con herencias franquistas, con vínculos falangistas y reminiscencias de un régimen sin derechos. ¿Podemos llamar a esto consenso?


La Constitución es incompleta: Característica que permite que sea desarrollada y ampliada por leyes posteriores. Leyes que deben respetar (¿Obviamente?). Pero en los tiempos que corren, el Tribunal Constitucional, su máximo intérprete y quien decide la supuesta constitucionalidad de las leyes, ha perdido toda independencia (al menos la poca que ha tenido en la era democrática). Entonces ¿cómo podemos estar seguros de que todas las leyes que completan la Constitución son legales y constitucionales? Y aún más, si supuestamente todas son del todo constitucionales, ¡me pregunto porque la ley de consultas del Parlamento de Cataluña no lo es!


La Constitución es deliberadamente ambigua: Para que la misma pueda adaptarse al paso del tiempo. ¿Realmente se lleva a cabo? Los años pasan, las realidades son otras, pero ella sigue allí, estática y anclada en tiempos ancestrales, recordando y representando más a una arcaica dictadura que a una democracia moderna. Quizá la ambigüedad recae en el hecho de que los poderes políticos lo interpretan como les apetece...



La Constitución es rígida: Significa que dispone de mecanismos complicados de revisión y que, por tanto, hacen difícil su modificación. A razón de esta connotación, se previó que fuera ambigua. Si tenemos en cuenta que tampoco se hace factible que, pasados los años, ésta se adapte a las nuevas realidades sociales, entonces de poco sirve.


Esta es la Constitución de la era democrática, la misma que permite que un magistrado del Tribunal Constitucional haya militado en activo en su cargo a las líneas del PP (Recordemos que este tribunal es el máximo intérprete de la Constitución). O la que permite que el castellano (la lengua del “imperio") pase a ser vehicular en las escuelas de todo el territorio nacional, imponiéndose por encima de las otras lenguas constitucionalmente amparadas, vulnerando así el principio constitucional de cooficialidad. Sin olvidarnos de que deja que políticos corruptos se paseen impunemente y se mantengan en el cargo después de haber desviado fondos públicos o malgastarlos (digamos robado). Y no podemos olvidarnos de la familia Real, que también sale impune de escándalos que no tienen nombre. O incluso la que no hace nada ante los repetidos actos fascistas o nazis en pleno siglo XXI. Sí señor, ¡eso es democracia en estado puro!



Y yo me pregunto, ¿Es esta la norma que no permite que el pueblo catalán ejerza el derecho a decidir, a votar? El derecho al sufragio universal, libre, directo, igual y secreto es uno de los pilares básicos de cualquier democracia, y que la propia Constitución recoge como principio básico. Entonces, ¿por qué demonios el referéndum del 9 de noviembre se supone ilegal y no puede llevarse a cabo?


Así pues, la Constitución es utilizada e interpretada según las conveniencias de los poderes de Madrid. Cuando a ellos les va bien la vulneran -quiero decir, la interpretan a su manera-, y cuando no les interesa, entonces todo se convierte en inconstitucional. Curioso, ¿verdad?



Resulta que el clamor de un pueblo no es suficiente para dejar que la Constitución sea constitucional y para que nosotros, los catalanes, podamos ejercer nuestro derecho de autodeterminación. Una condena inmerecida.


¡Dejadnos votar!


Judit Clarasó


(Jurista)


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