martes, junio 17, 2014

Ser libre para decidir, decidir para ser libre

Recuerdo una vez una entrevista a un insigne empresario catalán que siempre tuvo muy presente la responsabilidad social corporativa que a menudo se utiliza como mero instrumento de marketing ausente de alma. Ese empresario aseguraba que “los seres humanos estamos condenados a ser buenos chicos”. Me ha venido a la cabeza en estos tiempos que vive mi país, mi auténtica madre Patria: Cataluña. Esta nación mediterránea e europea, que acarrea más de mil años de historia, está reclamando hasta la saciedad ejercer el paradigma de la democracia como es decidir libremente su futuro. Pero España se niega. Sí, España se niega, sin saber por lo visto que los seres humanos, aparte de ser buenos chicos, estamos condenados a ser demócratas. Y digo seres humanos y no estados, países o naciones porque al fin y al cabo ¿qué son, sinó una colectividad de seres humanos?

¿Qué queremos en realidad una amplia mayoría de los catalanes? Pues decidir para ser libres o, si lo prefieren, ser libres para decidir sin que eso traiga consigo más que la esencia de la democracia: votar. Si yo me reconozco libre tengo la capacidad de decidir y si decido practico el hecho de ser libre. A partir de ahí lo que se decida ya depende de la libertad, sea mantener una unión con España, sea recuperar una soberanía que nos fue arrebatada por las armas hace exactamente 300 años.

Muchas veces se nos advierte que los problemas no se solucionan con lecturas simples y que habitualmente se requiere ahondar en los análisis. Cierto. Pero también muchas veces es justamente la lectura simple, la reflexión sencilla, la que aclara y abrillanta la situación ante hechos de una objetividad diría que casi universal. Si España no permite a Cataluña votar sobre su futuro es porque España considera a Cataluña un ente inferior, del mismo modo que a los largo de los siglos una mayoría de blancos han considerado a los negros hasta reconocer sus igualdad de derechos. Así de simple.

Y es que Cataluña está harta. Por eso ahora, como hiciera la ciudadana negra Rosa Parks en 1955 cuando se subió a un autobús y se sentó en el asiento de los blancos porque decidió ser libre para colocar su trasero donde le viniera en gana y se sintió libre para decidir exactamente eso, Cataluña lleva acabo este proceso de emancipación. Cataluña actúa así porque no se siente, ni se reconoce inferior y de facto ya está actuando tratando a España de igual a igual.

El poder español ve las urnas como si fueran tanques y por eso cuando parafraseando a Ramon Muntaner, autor de una de las grandes crónicas medievales que describen los hechos políticos, familiares y militares de algunos de los más insignes reyes catalanes, del mismo modo que los catalanes van “con alegría y gozo vamos a la batalla así como otros van a la fuerza y con temor”. Esa frase cobra casi todo su sentido. Sustituyan batalla por urnas y tendrán la descripción exacta de lo que pasa en España en pleno 2014. Mejor dicho, ellos ni van a las urnas cuando el tema no interesa.

Y eso se decide en Madrid, en concreto en el Congreso de los Diputados, dónde el alcohol que ingieren sus señorías está subvencionado por el Estado español. Sí, el mismo sitio desde de dónde se repite hasta la saciedad que sin respeto a la Constitución Española, que consagra la unidad territorial bajo concurrencia militar, no hay democracia, olvidando que el Reino Unido, sin constitución, permite a Escocia celebrar un referéndum de independencia el próximo 18 de setiembre de 2014. Y olvidando, también, que puestos a hablar de constituciones nuevamente en 1714 todo el sistema constitucional catalán saltó por los aires y los pocos ejemplares de las últimas constituciones aprobadas en 1706 que sobrevivieron fueron quemados en público para escarnio de los catalanes. Es decir, los catalanes tuvieron constitución y fue aniquilada literalmente por los antepasados de los que hoy presumen de tener una como si de las Sagradas Escrituras se tratara.

Digo esto porque ante la abdicación del rey Juan Carlos I de Borbón a favor de Felipe VI – el que aniquiló Cataluña en 1714 era Felipe V de Borbón, por cierto – ha puesto España ante el espejo y se ha visto fea, horrorosa en realidad. Y aquí sí que la culpa ya no se la pueden achacar a los catalanes porqué ha sido una parte del pueblo español el que ha reclamado un referéndum para ratificar la monarquía o convertirse en república. Y justamente ha sido en este momento cuando el Gobierno español ha respondido lo mismo que a los catalanes, a sus ciudadanos. Que la Constitución Española consagra una monarquía y no hay nada más que hablar. Por cierto, seguramente les haya pasado por alto. El día 19 de junio, día de la coronación de Felipe VI, se conmemoran los 307 años desde que su antecesor Felipe V arrasara y quemara íntegramente la ciudad de Xàtiva, en el antiguo Reino de Valencia, para rebautizarla como Nueva Colonia de San Felipe, por haber defendido los fueros y constituciones. Toda una declaración de intenciones, ¿no les parece?


David de Montserrat Nonó
Periodista

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