domingo, agosto 03, 2014

Carta abierta al nuevo Rey de la Españas Felipe VI

Majestad:

Aún que sea republicano convencido y catalán independentista (y lo soy irrevocablemente gracias al Tribunal Constitucional español) me dirijo a V.M. con el mismo respeto y cortesía que lo haría con cualquier otro jefe de estado de un país más o menos democrático.

No tengo ninguna duda de que tenéis el carácter y la formación que os capacitaría para ser un buen rey en países normales como los escandinavos o los del Benelux. I tampoco tengo ninguna duda de que estáis lleno de buenas intenciones, e incluso quizá lleno de esperanzas de poder encarrilar los problemas del estado de manera que podáis ganaros un lugar digno en la historia del país. Y aún así, en vez de -como sería normal- añadir la mía al montón de felicitaciones que habréis recibido, os quiero expresar mi más sentido pésame por haberos de enfrentar con desafíos enormes, con unas desventajas iniciales casi imposibles de superar; porqué hayan cargado sobre vuestra espalda una „misión imposible“ en la que, sin ninguna culpa personal vuestra, habréis de defraudar muchas de las esperanzas que los españoles tengan en V.M.

La primera de todas las desventajas, y quizás la más grave, es que habéis sido educado, como vuestro padre y como todos los anteriores reyes de vuestra dinastía, en un concepto imaginario de España que no tenía nada que ver con la realidad de sus pueblos y que ahora está deshaciéndose en las manos de los gobiernos españoles que no han sabido adaptar a tiempo su política a aquella realidad. No era imposible. En los años del reinado de vuestro padre hubo muchas ocasiones de poder dar un golpe de timón que pusiera el estado español en disposición de encajar la nación española con las otras del estado, de manera que éstas no se sintieran constantemente menospreciadas, ignoradas y perjudicadas. La imagen de la nación española única con sus „entrañables regiones y provincias“ ha sido una rueda de molino colgada al cuello de los españoles y que les ha impedido situarse en un lugar más alto y más avanzado en el concierto mundial.

La segunda desventaja es la de haber de trabajar con una clase política en la que no se ven por ninguna parte auténticos hombres de estado. Una clase política que -mayoritariamente- en vez de trabajar para reconciliar los españoles con la idea de un estado auténticamente plurinacional, ha ahondado aún más, por intereses partidistas y miopes, el barranco que separa la nación castellana/española de las otras del estado. Permitidme una comparación. Si tuvierais a vuestro lado un Churchill español (uno de verdad; no uno que se crea serlo) tendríais quizás aún una posibilidad de éxito, aun que personalmente creo que ya es demasiado tarde. Y la otra cara de la medalla: si la Gran Bretaña en los años de la segunda guerra mundial en vez de tener Churchill a la cabeza, hubiera tenido alguno de los dirigentes actuales de la política española, Hitler habría ganado la guerra. Pero como que no hay más cera que la que quema ni más políticos que aquellos de los que se dispone, lo tenéis mal -y conste que lo siento por V.M.-

Para que entendáis la posición de la mayoría de los habitantes de Cataluña, tan diferente de lo que os han inculcado: una nación la forman aquellos que voluntariamente, sin ninguna clase de coacción, se sienten parte integrante de ella, porqué es lo que les dicta su cabeza y su corazón, porqué no la consideran como un yugo que -en la medida y en el campo que sea- los oprima y les obligue a hacer cosas que como ciudadanos realmente libres no harían nunca. La nación española, una gran nación con muchos motivos reales de orgullo, no la forman, pues, todos los que viven en el territorio del estado quizá por el solo hecho de haber sido conquistados o por combinaciones dinásticas en las que el pueblo no ha tenido arte ni parte. Solo la forman los que la sienten sin reservas como la suya, los que nunca han tenido que sufrir persecución por el solo hecho de tener otra lengua, otras costumbres, tradiciones o instituciones que las del pueblo mayoritario español. A estos „españoles impuestos“ no se les ha dejado ser „españoles convencidos“ y ahora, en el momento en que los procedimientos de fuerza bruta ya no son usuales en el mundo occidental, la cosecha de todos estos males que han sido sembrados en tres siglos, os caerá encima de la mesa de vuestro despacho y os hará encanecer antes de tiempo.

Os han facilitado recientemente conversaciones con pretendidos representantes de las „fuerzas vivas“ catalanas. No os dejéis engañar. Esta gente no representa de ninguna manera la mayoría del pueblo de Cataluña. Ni tan solo representa la mayoría del mundo empresarial catalán. Representan una cierta potencia financiera pero que tampoco es decisoria en el campo político. Su adhesión y sus recomendaciones no os servirán de nada para encontrar una fórmula de solución al „problema catalán“ que en realidad es un „problema español“ mayor y más de fondo.


La mayoría de los catalanes, y esto lo están demostrando las urnas a cada elección, nos consideramos ya desligados de España y solo queremos encontrar una fórmula pacífica y civilizada de separación que rompa tan pocos platos como sea posible. Vuestra gran oportunidad de pasar a la historia de España como uno de los reyes más grandes que haya tenido el país sería conseguir una separación sin traumas que hiciera posible algún día (¿por qué no?) una nueva unión confederal hispánica en el seno de la UE. Esto exigiría, claro, una renovación de la política española adaptada a la realidad y eliminando todas las deformaciones históricas tan falsas como inútiles. La importancia del pueblo español, del que forma la nación española porqué así lo siente, no depende de que otros pueblos o territorios domine sino de aquello que sea capaz de crear tanto por si solo como en colaboración con todos sus pueblos vecinos como lo somos los catalanes.

Es una visión quizá posible, ni que sea en grado mínimo. Desearía que fuera un camino posible para V.M., un camino que, como decía antes, os convertiría en un gran monarca. Pero he de confesar que veo muy negro que lo podáis seguir; que os lo dejen seguir. La mentira vivida durante siglos ha dejado un pósito demasiado duro, una capa gruesa en los cerebros que no se puede eliminar de prisa con pomadas, sino con una operación quirúrgica que por fuerza hará daño a muchos equivocados y rancios orgullos, tan profundamente enraizados. Quizá con el tiempo lo podríais conseguir. Pero habéis de tener presente que de tiempo os queda muy poco porqué a los catalanes (y quizá no solo a ellos) se nos ha acabado definitivamente la paciencia, porqué hemos perdido la confianza en cualquier palabra que nos venga de Madrid, porqué ha llegado el momento en que hemos decidido decir basta de una vez. Y no hay quien nos pare.


Si me equivoco y consiguierais que nos separásemos en paz y concordia (cosa que ya digo, facilitaría quizá algún día una nueva unión de tu a tu, de igual a igual) seríais el rey más grande a más enérgico que haya tenido nunca el sufrido pueblo español. Pero no tengo ninguna esperanza de que ello suceda y vuestro discurso inaugural me lo confirma. Y, Majestad, creed que lo siento. Por vos y por todos.


Pere Grau
El original catalán publicado en EL MATÍ DIGITAL puede leerse aquí

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