domingo, septiembre 07, 2014

Cartas a Juan Español (2)


Estimado Juan:

Al final de la carta anterior te decia que los catalanes, desde que Felipe V nos conquistó a sangre y a fuego, no hemos dejado nunca de sentir-nos extranjeros en España. Ésto te habrá chocado o lo habrás considerado como una burrada, después de trescientos años de convivir (mejor o peor) dentro del mismo estado. Miraré de aclarartelo tan bien como sepa. Una observación previa: cuando en estas cartas hablo de "los catalanes", me refiero siempre a "una gran mayoria de los catalanes". Una unanimidad cien por cien no existe nunca en ningún pueblo. Peró me refiero siempre a una mayoria suficiente y determinante de la población de Cataluña.

Una pregunta que nos han hecho muchas veces los españoles a muchos catalanes y que aún forma parte del cuestionario de muchas encuestas periódicas és: "Vosotros, os sentís españoles?". La respuesta no ha sido casi nunca sincera y ello por motivos muy diversos: por miedo, por indiferencia, para querer evitar una discuisón larga e inútil, etc. La respuesta más sincera y honrada habria de haber sido siempre: "No nos dejais". El trato que se ha dado a los catalanes desde 1714 hasta hoy no ha sido el más indicado para imbuirnos un sentimiento de pertenecer de todo corazón a la nación española. Por el contrario, ha motivado que los catalanes se hayan sentido siempre como ciudadanos de segunda dentro del estado y que hayan considerado el gobierno y la administración española como unas instituciones ajenas a las que no tenian más remedio que obedecer por la fuerza.

Los catalanes, en general, somos un pueblo pragmàtico. La derrota del 1714 fué total, desde entonces la fuerza de los fusiles y de los cañones la ha tenido el estado español y los catalanes no hemos tenido más rmedio que reconocer este hecho y mirar, por tanto de acomodar-nos como pudiéramos, o como nos dejaran, dentro de este estado. Ello, pero, no ha signifcado nunca que nos sintiéramos a gusto dentro de él (eso nos lo hacian imposible muchas leyes españolas). Siempre se ha mantenido en los corazones de la gente una diferenciación clara entre "nosotros" y "ellos". Y de estos "ellos" no se esperaba nada de bueno.

La persecución y demonización permanentes del "separatismo" que atentava tan radicalmente contra la "sagrada unidad de la patria", tal como la entendía (y aún la entiende) el nacionalismo español más radical, aún obligó más a los catalanes a buscar una manera neutral de convivir con el estado español, en la que los porrazos pudieran ser mínimos. Pero la convicción de ser un pueblo diferente en régimen de ocupación siguió siempre vivo y se manifestó de muy diversas maneras: en el renacimiento literario; en la fidelidad a la lengua y a la cultura catalanas de la mayor parte de la burguesia catalana (un factor clave, decisivo); con el empuje que dió al país la acción conjunta de las Diputaciones provinciales, con el nombre de Mancomunidad Catalana, dotando el país de unas infraestructuras y de unos servicios que el estado central no habia sido capaz de crear (o no lo habia querido); con la restauración de la Generalidad en 1931^por una abrumadora mayoria popular; y finalmente con el proceso que empezó después de la dictadura con la segunda restauración de la generalidad, y que a partir de la desastrosa actuación del Tribunal Constitucional español, cargándose las partes más esenciales del nuevo estatuto catalán, ha llevado ahora a la firme decisión de coger los destinos del país en las propias maons.






Amigo Juan, permite que te repita aquí lo que escribí hace poco en otra parte: "Una nación la forman aquellos que voluntariamente, sin ninguna clase de coacción, se sienten parte integrante de ella, porqué es lo que les dicta su cabeza y su corazón; porqué no lo consideran como un yugo que -en la medida y en el campo que sea- les oprime y les obliga a hacer cosas que como ciudadanos realmente libres no harian nunca. La nación española, una gran nación con muchos motivos de orgullo, no la forman pues todos los que viven en el territorio del estado, quizá por el solo hecho de haber sido conquistados o por combinaciones dinásticas en las que el pueblo no ha tenido arte ni parte. Solo la forman aquellos que se sienten sin reservas parte integrante de ella, los que nunca han habido de sufrir persecución por el solo hecho de tener otra lengua, otras costumbres, tradiciones o instituciones que las del pueblo mayoritario español. A estos "españoles impuestos" no se les ha dejado ser "españoles convencidos". Por ésto, si hace poco Mariano Rajoy dijo que como es España solo pueden decidirlo totdos los españoles, los catalanes no nos sentimos aludidos y nos negamos rotundamente a que como sea Cataluña lo decida nadie más que los catalanes.






Los políticos españoles tienen un concepto patrimonial del estado, como los señores feudales que disponian de sus tierras y de sus habitantes como querian. Y en vez de tratar el problema de las otras naciones que tenian dentro del estado con un espíritu positivo de concordia, de compromiso y de respeto, lo han hecho con el clásico "ordeno y mando", supeditándolo todo a su idea de unidad nacional uniformista, e interpretando en aquel sentido la actual constitución española, como un intocable Decálogo de validez eterna. Y así hemos llegado todos al punto actual en el que los catalanes queremos salir de este estado que ni nos entiende ni quiere entendernos. Pero, eso sí, entonces y desde fuera ser buenos vecinos de los españoles, colaborando con ellos tanto como podamos (o nos dejen; seria la decisión de los españoles), en un clima de respeto mútuo, a que tanto el pueblo español como el catalán estén en disposición de hacer frente a los retos que vendrán en este siglo que hace poco hemos iniciado.

Aún deseo hablarte de algunas insensateces y calumnias sobre los catalanes, que te han metido en la cabeza, pero dejémoslo para otra carta.

Hasta entonces y con los mejores deseos de concordia entre nuestros pueblos


P.G.

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