sábado, septiembre 13, 2014

Respuesta a las falacias de los „Cien argumentos para una España unida“


Espero disculpen la longitud de esta carta, que seguramente hará imposible su publicación. Pero un corto comentario al artículo de referencia no tendría sentido. Consideren este escrito como una expresión de la reacción de muchos de los catalanes que lo habrán leído, y, en todo caso, como la opinión de la mayoría de los habitantes de Cataluña (sea cual fuere su origen y su lengua materna) que han decidido dar soporte a la consulta no referendaría que se ha convocado para el próximo 9 de Noviembre. Intentaré combinar la dureza de mi comentario con la elemental cortesía que ha de regir siempre la relación entre personas de un aceptable nivel de educación.

Comentar su artículo extensamente, punto por punto, como se merecería es imposible en una carta-comentario. Me limitaré pues a señalar que desde el punto de vista catalán (y con ello me refiero a la mayoría citada antes) los cien argumentos del artículo pueden dividirse en tres categorías:

a) Los que son rotundamente falsos, que son la mayoría (tanto de tema político, como económico y cultural) aun que coincidan con la retórica oficial de los miembros del gobierno español. A esta categoría pertenecen, entre otros, los que repiten el sonsonete de que una Cataluña independiente quedará fuera de la Unión Europea, fuera del euro, fuera de la OTAN, fuera de las cadenas de colaboración internacional en materia de policía, finanzas, etc. etc. En resumen, fuera del sistema solar. Y que además será la bancarrota catalana, la de sus sistemas sociales y la de su mundo laboral. Los expertos reconocidos internacionalmente (y no los que solo reconoce la FAES) tanto en el campo político como en el económico, hablan un lenguaje muy diferente. O decir que España es el principal mercado catalán, cuando actualmente solo representa un tercio de sus compras y ventas, cifra ciertamente importante pero que (incluso en el caso de un muy improbable boicot total español) seria remontable en un período razonable de tiempo.

b) Los argumentos que van dirigidos al sufrido y desinformado pueblo español, pero que para los catalanes  son de una indiferencia total. P.e. El temor de que el País Vasco exigiera el mismo tratamiento que Cataluña (es cosa de los vascos, y no nuestra). O decir que lo que pueda ocurrir en un futuro podría ser peor para la imagen internacional de España. A nuestra manera de ver, la imagen internacional de España no es en la actualidad nada brillante, y si el gobierno español niega a los catalanes el derecho democrático elemental del voto (aunque se ampare en un criterio legalista restrictivo), su imagen internacional caerá en picado.

c)El resto (bastante extenso) oscila entre la irrelevancia y el ridículo absoluto. Que Cervantes dejara pasar Don Quijote  por Cataluña, que exista en Barcelona el C.D. Español, o que la familia real „mantenga una estrecha relación con Cataluña“ es, en un tema tan grave, de un nivel inaceptable en un diario de su larga tradición.

Permítanme que, a mi vez, les enumere solo seis  argumentos catalanes para separarse de España (tal como es España hoy). Podría llegar a veinte o a cincuenta, pero no quiero emularles:

1. Desde que Mariano Rajoy y su partido a través de un politizado TC torpedearon el estatuto de autonomía catalán -después de ser aprobado por los parlamentos catalán y español-, dejándolo vacío de los puntos que para los catalanes eran más esenciales, los catalanes hemos perdido totalmente la confianza en cualquier palabra o promesa que nos venga de un gobierno español del color que sea. Hemos visto que no nos aceptan tal como somos, sino tal como quisieran que fuéramos, en su ultranacionalismo uniformizador. El Sr. Rajoy tiene en su haber el haber impulsado el independentismo catalán hasta extremos antes insospechados y el haber hecho fracasar el último intento catalán para encajarse en España en condiciones para nosotros aceptables.

2.Contra lo que afirman muchos de sus „cien argumentos“ muchos de los progresos logrados en Cataluña en todos los campos no se han obtenido gracias a la ayuda de Madrid, sino a pesar de todos los obstáculos de los gobiernos centrales que han intentado frenar la iniciativa catalana „para evitar que nos vayamos“.

3.Los catalanes opinamos que fuera de España (repito: tal como ésta es hoy por hoy) nunca podremos estar peor de lo que estamos ahora formando parte de ella, indiferentemente de si estamos dentro de la UE o fuera de ella, conectados con pactos bilaterales o formando parte de la EFTA.

4.No queremos seguir estando a la merced de señores que no pagan sus deudas a Cataluña mientras dilapidan el dinero de los contribuyentes españoles en líneas de AVE ruinosas (todavía en este ejercicio 4.000 millones de euros), en aeropuertos vacíos y en administraciones dobles e inútiles que invaden las atribuciones de las comunidades autónomas.

5.No queremos seguir estando a la merced de señores como el ministro  Wert, que crea problemas donde no los hay, y que exige más horas de castellano a un sistema escolar en el que las notas de castellano son mejores que en el resto de España. O de Sres. como Jorge Fernández con su ley de seguridad ciudadana de muy dudosa calidad democrática.

6.No queremos seguir siendo tratados de egoístas, insolidarios y provincianos, cuando aportamos a las finanzas españolas mucho más de lo que nuestra economía permite, y cuando el estado es la parte insolidaria que no cumple los acuerdos pactados.

Y he de decepcionarles: no soy un ultranacionalista ciego y furibundo. Soy uno de tantos miles y miles de catalanes que después de la muerte del general dictador tenían la esperanza de poder construir, hombro con hombro con los hermanos del resto del estado, un país nuevo y próspero, donde se respetara cada uno de los pueblos que lo integran y cada uno de estos pudiera vivir y organizarse de acuerdo con su cultura y su historia. Esta esperanza ha sido decepcionada totalmente hasta el punto que incluso Jordi Pujol, un político que ha hecho todo lo posible para poder encajar razonablemente Cataluña en  España, ha habido de reconocer el fracaso de esta política. Muchos decepcionados como yo, ahora ya irrevocablemente independentistas, no lo somos llevados por ninguna animadversión o por odio a la nación castellana. No encontraran vdes. en Cataluña estallidos de odio como los que se perciben a menudo contra Cataluña en el resto del estado. No. Lo que sentimos es a menudo indignación por la burda actuación de las actuales élites políticas españolas, al mismo tiempo que una profunda tristeza por tantas ilusiones y esperanzas defraudadas.

Atentamente,

Pere Grau

A la dirección y redacción de ABC
MADRID.

Ref. Su artículo del 21.07.14 „Cien argumentos para una España unida“ de Inés Baucells.


 


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