jueves, enero 22, 2015

La incoherencia de García-Margallo: combustible para la armada rusa en plena crisis

En política se pueden hacer muchas cosas, menos el ridículo. Esta lapidaria frase de Tarradellas describe perfectamente lo que ha hecho la diplomacia española ante la crisis de Ucrania. Madrid la aprovechó inicialmente para cargar contra Cataluña, en un intento de presentar el referéndum del 9 de Noviembre como equivalente al plebiscito crimeano, a la búsqueda del apoyo de socios y aliados, y ha acabado proporcionando agua, combustible, y demás pertrechos …  a la marina de guerra rusa. Lo repetiremos para que quede claro: Madrid, que pretendió encabezar la indignación occidental contra Moscú, ha acabado proporcionando apoyo logístico a la armada rusa en una zona extremadamente sensible para la OTAN como es el Estrecho de Gibraltar. Hace pocos días, en plena crisis entre la Alianza Atlántica y Rusia, en pleno proceso de implementación de sanciones, mientras los miembros de la OTAN anunciaban el fin de la cooperación militar con Moscú … tres barcos de guerra rusos atracaban en Ceuta y repostaban tranquilamente, como si no pasase nada.

Sería muy fácil, llegado a este extremo, recorrer a los tópicos, como ese “Spain is different”, o recordar episodios pasados que poco dicen sobre la credibilidad española ante socios y aliados, como la retirada precipitada de Irak. Sin embargo, ello sería incorrecto e injusto. Incorrecto porqué hace ya tiempo que Cataluña ha renunciado a reformar España, los catalanes ya no intentan cambiarla ni modernizarla, ahora esta tarea corresponde a los españoles. Como vecinos, a los catalanes les interesa que dicha modernización efectivamente tenga lugar, pero no les corresponde en ella ningún protagonismo. Injusto, porqué son muchos los oficiales de las Fuerzas Armadas españolas que sinceramente desean vivir en un país normal, que cumpla plenamente con sus obligaciones hacia socios y aliados, y que sea visto como un estado en quien se puede confiar durante una crisis.

No incidiremos pues en nada de ello, limitándonos sin embargo a constatar un extremo: el día que tres barcos de guerra rusos repostaron en Ceuta, ese día, el intento de García-Margallo de presentar ante el mundo el referéndum catalán como un peligro para la seguridad y la estabilidad pereció. Este intento ha muerto. Lo han matado los mismos que le dieron a luz. Ellos sabrán por qué.

La prensa internacional ya ha informado de este apoyo logístico, que además no fue una excepción, puesto que en el conjunto del año 2014 la marina de guerra rusa atracó en  trece ocasiones en Ceuta. Los gobiernos aliados lo saben. Podría haber influido, por ejemplo, en la reciente decisión británica de reforzar Gibraltar ante el riesgo de una mayor actividad naval rusa en la zona, incluida la recolección de inteligencia electrónica. Las democracias marítimas en Asia, que miran con lupa todo lo que acontece en el Mar Negro y en el Mediterráneo, también son conscientes de todo ello.

Cataluña no necesita pues informar de nada a estos países que no sepan ya. Es público y notorio, no se pueden esconder dos o tres buques de guerra. Este ridículo de García-Margallo y su diplomacia proyectará en los próximos meses una sombra alargada. Con qué credibilidad se dirigirá el ministro de asuntos exteriores español a sus homólogos para desprestigiar las elecciones plebiscitarias del 27 de septiembre cuando su gobierno alimenta (en el sentido más literal del término) la maquinaria militar rusa? Qué esperanzas tendrá de lograr el apoyo de dichos gobiernos cuando su administración contradice la política que siguen hacia Moscú? Como casar esta deslealtad con las pretensiones españolas de convertirse en país de tránsito para reducir la dependencia de la UE del gas natural ruso?

García-Margallo ha hecho el ridículo, y una vez más ha ayudado involuntariamente al éxito de ese proceso contra el que tantas energías dedica. Ironías de la vida. Ahora solamente queda esperar a que una vez concluido dicho proceso la diplomacia española se vea liberada de la necesidad de dedicarse a estos quehaceres y pueda empezar a actuar como una diplomacia normal de un país normal miembro de la OTAN. Ello beneficiará a España misma, al conjunto de la Alianza Atlántica, a las democracias marítimas, y naturalmente a Cataluña, a quien también le interesa tener un vecino serio.


Alex Calvo es experto en seguridad y defensa en Asia.

 








0 comentaris:

Publicar un comentario